Lunes 27 de abril de 2020

Se prohíbe la bebida nacional argentina

En el marco de la cuarentana para evitar la propagación del nuevo coronavirus, aproximadamente cincuenta municipios en Argentina adoptaron la decisión de prohibir la venta de vino. En esta columna, haremos un análisis de esta medida.

¿Por qué motivos el vino es considerado un alimento?

Resulta por momentos complejo abordar temas como el de esta nota, sin caer en una apología o en una defensa sesgada. Para esquivar ambas posibilidades, vamos a tratar este tema desde una óptica lo más objetiva posible, evitando este cronista las opiniones personales (aunque cueste). Entonces, procederemos a separar el análisis en tres etapas: 1) qué es según la ley el vino en Argentina, 2) las medidas que se adoptaron al respecto en la cuarentena y su justificación, 3) impacto de dichas medidas y comparaciones.

Antes de comenzar, aclaremos que no vamos a tratar sobre los beneficios del consumo moderado de vino, algo que está estudiado y demostrado por doquier, y de lo cual en este medio tenemos numerosas notas escritas al respecto; como así tampoco vamos a tratar sobre los peligros en el consumo excesivo, cosa que obviamente también está demostrada y sobre lo cual siempre alertamos. Y no lo haremos para no ser tendenciosos, ya que resultaría muy fácil, acorde a la bibliografía extensísima con la que se cuenta, llevar agua hacia un molino o hacia el otro intencionalmente.

Lo único que vamos a citar, para finalizar este preámbulo, es el comienzo de un reciente artículo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en forma literal:

“A lo largo de los aproximadamente 10.000 años que los humanos han estado bebiendo bebidas fermentadas, también han estado discutiendo sobre sus méritos y deméritos. El debate todavía se mantiene a fuego lento hoy en día, con una discusión sobre si el alcohol es bueno o malo para usted. Es seguro decir que el alcohol es un tónico y un veneno. La diferencia radica principalmente en la dosis. El consumo moderado de alcohol parece ser bueno (solo por citar breves ejemplos de los muchos que hay) para el corazón y el sistema circulatorio, y probablemente protege contra la diabetes tipo 2 y los cálculos biliares. El consumo excesivo de alcohol es una de las principales causas de muerte evitable en la mayoría de los países del mundo.”

1) Qué es según la ley el vino en Argentina:

En el año 2013 se sancionó la Ley Nº 26.870 que declaró al Vino Argentino Bebida Nacional. A través de ella se busca difundir las características culturales que implica la producción, elaboración y consumo del vino y sus tradiciones, y su rol importante en la identidad nacional. Los fundamentos de la ley también resaltan la revalorización de los recursos humanos asociados a la producción desde el viñedo hasta la comercialización, y la presencia de vinos argentinos en todas las representaciones diplomáticas argentinas en el exterior.

La Ley Nº 18.284, que establece el Código Alimentario Argentino, incluye en el capítulo 13 al vino como un alimento, detallándolo desde el artículo 1.092 hasta el 1.107. Son en total dieciséis artículos dentro del mencionado código, dedicados exclusivamente a enmarcar y considerar al vino y sus posibles variantes como un alimento más. Es de destacar que el vino no se encuentra dentro del capítulo de las “Bebidas espirituosas, alcoholes, bebidas alcohólicas destiladas y licores”, sino (como corresponde) dentro del capítulo titulado “Bebidas fermentadas”.

2) Las medidas que se adoptaron al respecto en la cuarentena y su supuesta justificación:

Alrededor de cincuenta municipios a lo largo del país prohibieron la venta de bebidas alcohólicas en general, entre las cuales se incluyó al vino (como ya hemos visto, la bebida nacional y un alimento), para “adherir a la cuarentena establecida por decreto nacional”, porque el alcohol “fomenta los encuentros sociales que ahora están prohibidos”, y porque su consumo desmedido “promueve la violencia doméstica y sexual”.

A nivel nacional, las vinotecas estuvieron y permanecen cerradas desde el comienzo de la cuarentena, no siendo incluidas como negocio de proximidad que expenda alimentos. Según varias fuentes, se considera un negocio de proximidad en Argentina en estos momentos, a aquel que venda por lo menos tres productos de la canasta básica, dentro de la que se encuentran todos los tipos y subtipos de vinos y los aceites de oliva…que se expenden en las vinotecas (entre otros productos también incluidos).

3) Impacto de dichas medidas y comparaciones:

En lo que respecta al primer párrafo del punto anterior, todo lo que está entre comillas es literal, donde los responsables de dictar dicha prohibición asumen y dan por ciertas esas afirmaciones, no comunicando en qué se basan o por qué sus argumentos resultan válidos en sus municipios, y no en los cientos de municipios que no adhirieron a esa normativa. Demás está decir, que se trata de una normativa totalmente subjetiva.

El impacto positivo de lo normado, si es que existe, es imposible de medir, ya que no se puede determinar cuántas personas “adhirieron a la cuarentena”, dejaron de participar de “encuentros sociales prohibidos” o “no promovieron la violencia doméstica y sexual” por no consumir vino en forma moderada. Y ese es otro punto a tener en cuenta: la norma asume un consumo desmedido e irresponsable de vino por parte de la ciudadanía, o por lo menos por su mayoría, sino no tendría sentido lo dictado.

Es de esperar que los municipios arriba enmarcados, luego de que esto finalice, comparen sus cifras y sus consecuencias con aquellos que no contemplan su prohibición, para de ese modo obtener un resultado fehaciente acerca de la efectividad de sus medidas, que es la única forma de cuantificar la casuística. No dudemos que esos resultados serán comunicados (¿?).

En lo referido a los impactos negativos de semejante medida, podemos enumerar varios:

- destrucción de la cadena de compra-venta del vino

- aniquilación de muchas vinotecas, que siempre bregan por el consumo responsable

- preferenciar a los supermercados, ya que estos siguen vendiendo vino (donde no esté prohibido)

- proliferación inevitable e incontrolable del mercado informal

- llevar al límite a una de las industrias nacionales que más personas emplea tanto directa como indirectamente, tanto en las economías regionales como nacionales: la vitivinicultura

Así como en las aulas de varios colegios se está comenzando a enseñar a los alumnos cómo se hace el vino, paradójicamente algunos dirigentes políticos se encargan de endiablarlo, colocándolo como el combustible que pone en funcionamiento el motor de desobedecer, violar la ley, o maltratar personas, aludiendo que se hace de él un “consumo excesivo”. Lejos, parece, ha quedado la imagen de una familia en la mesa compartiendo una comida y la bebida nacional, o de una pareja conversando copa en mano al final del día.

Pero así y todo, vamos a hacer una cosa, si usted me permite. Supongamos que este desmadre guarde alguna lógica, y que la prohibición en cuestión por parte de un puñado de iluminados, sea correcta. Sólo supongámoslo. Bien. Supongamos también que vamos a hacer las cosas como corresponde, y no solamente “para la tribuna”. Por eso, siguiendo el mismo razonamiento, aquí va un listado de cosas que se deberían prohibir:

- el chocolate: está demostrado por demás que las personas con trastornos de alimentación, tienen preponderancia a sufrir recaídas o abusos en la comida durante el encierro. El chocolate en todas sus presentaciones es la personificación de la gula.

- los huevos: aquellas personas que sufren de ataques de ansiedad, pueden llegar a comerse cinco huevos fritos, lo que fácilmente les provocaría un ataque al hígado a varios, necesitando a veces ocupar una cama en un hospital.

- las gaseosas: fábricas de futuros obesos y diabéticos, puro jarabe de fructosa y ácidos, con todo lo que ello acarrea, hasta inclusive la muerte en forma prematura.

- los vehículos: por culpa de los vehículos y de las personas que a veces no conducen bien, hay accidentes de tránsito y muertes. Si no existiesen, eso no ocurriría.

- el tabaco: demás está explicar por qué.

- las golosinas: ídem.

Lo anterior, escrito “medio en broma, medio en serio”, sigue la lógica de la prohibición del vino. No hay nada más fácil que prohibir. Pero es el camino equivocado, por dos motivos: uno, las personas siempre van a querer hacer lo que se les prohíba, y dos, lo correcto es educar, no prohibir. La educación es sólida, la prohibición es frágil. Educar es formar personas, prohibir es formar entes. Entes que saben que no deben hacer algo, pero no saben por qué, ni tampoco que pasará si lo hacen.

En cambio, una educación que enseñe sobre el consumo responsable, las consecuencias de los excesos, las conductas aceptables, y etcétera, favorecerá sin dudas que las prohibiciones no existan, o sean cada vez menores, porque nadie en su sano juicio (salvo que quiera atentar contra su propia vida), va a hacer algo de lo cual sea plenamente consciente que lo va a dañar (o a un tercero). Y por último, una vez más asistimos a las paradojas del poder político: mientras unos declaran al vino como bebida nacional y alimento, sus pares lo prohíben.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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