Lunes 14 de marzo de 2016

¿Vale la pena guiarse por lo que dicen los “catadores” de vino?

Vinos con medallas, puntajes en las revistas, propagandas donde determinada persona recomienda un vino…¿tiene todo esto sentido?...¿vale la pena prestarles atención?...¿a quines sí y a quienes no?...¿o es sólo parte del negocio?

Momentos. Sólo existen momentos.

Es este un tema que hemos tocado en distintas oportunidades, pero que posee diferentes enfoques y suele ser mal interpretado por el consumidor promedio. Como se trata de un contenido muy amplio, vamos a ser concretos para intentar abarcarlo en su totalidad. Así que, comencemos. Primero, los “gurúes” del vino no existen, son sólo personajes auto-proclamados y fogoneados por el sector de la industria al cuál le son funcionales y útiles. Es como propaganda barata, ¿Usted me entiende, no?

Bueno...barata hasta que el “gran catador” se hace famoso y empieza a cobrar fuerte por probar un vino y dar su opinión (¿dependiendo de la paga?), haciendo que las ventas suban o bajen, porque existe la idea que “si lo probó tal persona y dijo eso, seguro es un buen vino, porque esa persona sabe de vinos”. Y aquí viene la primer pregunta…¿qué es saber de vinos? Tal vez muchos de nosotros entandamos que saber de vinos es descorchar una botella, olerlo, degustarlo, y decir…”93,50 puntos sobre 100”.

Bien, eso no es saber de vinos, eso es un negocio….”un curro” dirían en el barrio. Generalmente, esas personas no catan los vinos a ciegas, porque sería atentar contra su propio negocio. Pero algo distinto son los paneles de cata, por razones bastante obvias. Una sola persona puede equivocarse, ser sobornada, tener intereses, o tan sólo estar en un mal día para catar. Pero cuando hablamos de diez, veinte o treinta personas analizando un mismo vino, la cosa cambia.

Eso sucede en las competencias serias de vinos, donde por medio de una ficha estipulada y estandarizada, los jurados colocan sus apreciaciones (donde cada ítem remite a una calificación), se obtiene un promedio general, y se cataloga al vino en cuestión dentro de un rango en el que los catadores sólo sabían su precio de venta, nada más (para poder establecer una relación precio-calidad, ya que de un vino de un dólar se pueden esperar determinados atributos, que no serán los mismos que se exigirán de un vino de cincuenta, o de uno de cien dólares).

Las calificaciones que surjan de esos certámenes, pueden ser tomadas como una guía, pero tampoco como una verdad revelada, ya que sobre sus gustos, el que más sabe…es Usted, nadie más. Es por este motivo, que pedir un consejo o una recomendación sobre un vino, es como preguntarle a esa persona qué es lo que le gusta, cosa que posiblemente no se emparde con nuestros propios gustos. El mundo del vino es muy sutil e infinito.

De hecho, en este mismo medio, poseemos una sección llamada “Esta semana probamos”, donde semanalmente escribimos sobre un vino determinado que compramos (del mismo modo que los compra el lector), describiendo mayormente su proceso de elaboración y brindando en el menor espacio una breve opinión…pero que es nuestra opinión…la del lector puede ser distinta, y ni una ni la otra estarán mal, ya que sobre gustos no hay nada escrito.

Ejemplos que avalen todas estas afirmaciones hay de sobra…desde el famoso “Juicio de París” (donde ya nos explayamos en esta columna: “El juicio de París y los vinos varietales”), hasta la final del mundial de sommeliers 2013, donde de los cuatro finalistas ninguno pudo descubrir ni uno sólo de los cuatro vinos que se les presentaron para catar a ciegas, o sea 16 fallos sobre 16 posibilidades. Imagínese Usted que si a esta gente le pasa eso, ¿que nos queda a los simples mortales?

Estudios al respecto hay a diestra y siniestra, como ser:

- El Journal of Wine Economics de Estados Unidos presentó durante cuatro años el mismo vino en la principal feria de ese país. En cada oportunidad, lo colocaban en tres botellas diferentes, haciendo creer que eran distintos vinos. Entre 65 y 70 jurados por año cataban el vino, pero sólo el 10% de los aproximadamente 320 “catadores” calificó las muestras como un producto muy similar entre sí.

- La bodega E&J Gallo, que es la más grande de Estados Unidos, importó desde Francia entre 2006 y 2008 18 millones de botellas de Pinot Noir de distintos productores galos, para sacarlas al mercado en su línea "Red bicyclette". Los consumidores, encantados. Y la crítica, también, otorgándole muy buenas puntuaciones a dicho Pinot Noir. Hasta que por análisis de laboratorio se detectó que lo que contenían las botellas era una mezcla de Merlot y Syrah de bajo costo. Ni pistas del Pinot Noir. Y ningún “experto” se había dado cuenta.

- El California Institute of Technology les hizo catar a un grupo de voluntarios (no expertos), vinos de diferentes precios, mientras les monitoreaban la región del cerebro asociada a las sensaciones placenteras con un resonador magnético. Lo único que se les colocó a las botellas era el precio de cada una. Solo eso se veía. Todos los participantes pusieron mejores puntuaciones a los vinos más caros, incluso cuando en algunas botellas estaba el mismo vino o contenían otros de menor valor.

- En una investigación llevada a cabo por la Universidad británica de Hertfordshire, solo el 47% de los 578 expertos que participaron en una cata a ciegas lograron diferenciar los vinos tintos con un precio de mercado de menos de seis euros de los que superaban los doce.

- Frederic Brochet, profesor de enología de la Universidad de Burdeos, en el año 2001 pidió a 56 eruditos que probaran dos botellas de Burdeos: una etiquetada como un vino reserva y la otra como un vino de mesa corriente (aunque en realidad las dos botellas contenían el mismo vino). Sólo 2 expertos de los 56 dijeron que se trataba del mismo producto, los otros 54 los calificaron como dos vinos distintos.

- En otro experimento, el mismo catedrático solicitó a los expertos que valoraran dos vinos, uno blanco y uno tinto (aunque el tinto era el mismo blanco teñido con colorante insípido e inodoro). Para su propia sorpresa, estos “expertos” franceses empezaron a describir el vino teñido con frases típicas de vinos tintos, como “aromas a frutos rojos”, “taninos firmes” y “gran cuerpo”.

El problema es que estamos tan acostumbrados a todo este circo, que nos da “miedo” acercarnos al vino, porque pensamos que “no sabemos”, que “no entendemos”. Bueno, yo me animaría a recomendarle lo siguiente: ¿quiere saber como es un vino?, ¿quiere saber si le va a gustar?...entonces vaya, cómprelo, bébalo, y a otra cosa. La práctica lleva a la perfección: cuantos más vinos pruebe, más experiencia adquirirá e irá descubriendo diversos matices. Las opiniones ajenas, son sólo susurros al oído. Y siempre tenga presente que tomar muchos vinos no es lo mismo que tomar mucho vino.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

DeVinosyVides :: Portal especializado en el mundo del vino. Vitivinicultura, enología, bodegas, noticias y material especial.

Copyright 2014 - www.devinosyvides.com.ar - Todos los derechos reservados.