Lunes 02 de marzo de 2020

Preparación básica del suelo para la plantación de un viñedo

Es sabido que distintos tipos de suelos, van a promover distintos tipos de resultados en las uvas, y luego en el vino terminado. Por ello, reviste gran importancia la elección, el análisis, y la preparación de un correcto suelo para las vides.

¿Qué es la filoxera y cómo afectó al mundo del vino?

Se podría afirmar como norma general que la vid se adapta y desarrolla mejor en terrenos secos o semisecos, pobres, de limitados recursos hídricos, sin exceso de materia orgánica, y hasta de preferencia calizos y arenosos. La primer observación general del futuro viñedo nos demostrará si posee pendientes, en qué grados y orientación, las zonas posiblemente más húmedas, y aquellas con más horas de sol al día.

Luego, un análisis del suelo, generalmente usado las llamadas “calicatas”, que son “pozos” de más o menos dos metros de profundidad por otro tanto de largo, nos demostrará el perfil del suelo, su profundidad, la capa freática, etcétera. La composición del suelo, será motivo de especial énfasis, para saber los micro y macro elementos que lo caracterizan, al igual que las huellas que hayan dejado las labores de cultivo anteriores si las hubiese habido.

Los análisis, entonces, abarcarán un muestreo de las diferentes capas del suelo, los niveles de nutrientes, los distintos horizontes bajo la tierra, la textura, la resistencia a la degradación, el fósforo, el nitrógeno, el potasio, los microelementos, las lombrices, los nematodos, y por supuesto, el agua (capacidad de retención, filtración, humedad). Todo esto va a tener, cono decíamos, un efecto en las características de las uvas que allí crezcan.

Así se podrá saber si el suelo es apropiado y si pudiese necesitar algún tipo de corrección o trabajo cultural para que se encuentre en condiciones óptimas, como por ejemplo ajustes referidos al pH. Además, en el supuesto caso de encontrarse niveles altos de nitrógeno, la norma indica sembrar pastos para que tomen el mismo del suelo, para posteriormente cosecharlos. De este modo se evita un exceso de vigor en las vides y su complicado manejo.

Esas labores culturales, en todas sus variables, incluyen por ejemplo el nivelado o allanado del terreno si fuese necesario, el drenaje de aguas, el armado de surcos, la distribución de las hileras y las formas de conducción de las vides, y el desfonde, que se trata de excavar la tierra para removerla y airearla, rompiendo las capas duras, eliminando malas hiervas y favoreciendo el despliegue del futuro sistema de raíces de las plantas.

Para dichas labores, por supuesto, existen diversas variables, desde lo manual o mecánico, hasta las formas de practicarlas. En el caso anterior, por citar uno, se podría elegir hacer un desfonde abriendo y volteando la tierra, o bien arar en profundidad. Terminado este trabajo, normalmente se hace un abonado de fondo, “mezclando” ese abono con el suelo existente, para luego nivelar el terreno, quedando preparado para la plantación.

Una vez elegido el sistema de plantación (espalderos, parrales, vaso, etcétera), se escoge la orientación y dirección de las filas o hileras, maximizando la eficacia lumínica y la distribución acorde de la humedad y las brisas, y evitando una erosión prematura del suelo. Asimismo, los análisis previos nos van a determinar qué densidad de plantación podemos planear para el viñedo, o sea, ni más ni menos cuantas plantitas de vid por hectárea nuestro suelo puede abastecer sin problemas.

Todo eso se suma al espacio entre hileras acorde a los sistemas a utilizar, el tipo de maquinaria, el vigor del cultivo por el tipo de cepa, sus requerimientos mínimos, el alto que se le va a permitir tener a la planta, los posibles sombreados, el uso o no de malla anti granizo, el clima, y los patrones usados. La gran mayoría de los viñedos utilizan cepas plantadas en injertos para evitar la tan temida filoxera (ver nota relacionada), siendo la elección de los mismos muy importante para el desarrollo de la vid.

Para finalizar, el Licenciado en Enología argentino Ángel Mendoza, enumera en uno de sus tantos escritos, algunas características a tener en cuenta en los viñedos:

“A mayor altura de los suelos cultivados, mayor potencial de calidad. Los suelos pobres en materia orgánica, la luminosidad y la amplitud térmica durante el envero y madurez definen categóricamente la calidad enológica de esta uva. Por lo tanto, el precio de la uva aumenta con la altitud de los viñedos y el ‘índice de frescor’ del mesoclima de la región. La vitivinicultura de altura superior a 1.000 msnm define un perfil único para los grandes vinos Malbec de Argentina. Por el origen aluvional de los suelos pedemontanos, normalmente hay notable heterogeneidad de los suelos en su estructura y composición.

A veces una misma parcela posee diferentes perfiles de suelo que no permiten homogeneidad de canopia, madurez y calidad enológica del viñedo.

Con una orientación norte-sur de los viñedos, se suele presentar madurez heterogénea entre la cara este y oeste de los viñedos. Aparecen muchos racimos muy asoleados y escaldadura en el perfil oeste.”

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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