Lunes 28 de agosto de 2017

¿Qué cantidad de agua necesita un viñedo?

Paradójicamente, no es conveniente que la vid “beba” demasiada agua, porque esto conllevaría consecuencias no deseadas, como por ejemplo una dilución de los compuestos dentro de las bayas. Por supuesto, una carencia marcada de riego, también es negativa. Entonces…¿cuánto y cuándo regar?

Factores del terruño influyentes en la calidad del vino

La vid en general posee bajas necesidades hídricas para formar un kilo de materia seca, siendo suficientes aproximadamente 300 milímetros de agua a lo largo del año. Cabe remarcar de todos modos, que dicha cantidad de agua estará condicionada por el tipo de varietal de uva, la capacidad de almacenamiento del suelo, la temperatura reinante, la densidad de plantación, la correcta fertilización y el sistema de conducción.

Todos los anteriores, son factores que harán replantear y ajustar el volumen de líquido a irrigar, suponiendo que las lluvias no sean suficientes. Además, no es lo mismo regar en cualquier momento ni en cualquier medida, ya que se estima, otra vez por regla general, que de un 100% de agua anual, la misma debería estar distribuida así: reposo invernal 2%, brotación-cuajado: 10%, cuajado-envero 44%, envero-caída de la hoja 44%.

En el supuesto caso que se verifique en la vid un exceso de agua, los efectos principales serán los siguientes:

- Durante el desborre: falta de oxígeno debido al encharcamiento, brotes cortos y hojas amarilleadas.

- Durante la floración: exceso de vigor en los pámpanos causando deficiencias en el cuajado y corrimiento.

- Durante el envero: se puede retrasar tanto el envero como el inicio de la maduración.

- Después del envero: aumenta el tamaño de la uva, pero con menor concentración de azúcar y mayor de ácidos.

En contrapartida, los efectos de una carencia marcada de agua, serán:

- Brotación: resulta irregular, con pocas flores y pámpanos cortos.

- Floración: disminución del cuajado, bayas chicas.

- Fecundación: escaso desarrollo del follaje.

- Envero: a causa del estadio anterior, disminución del desarrollo y la calidad de las bayas, aumento en la susceptibilidad a las heladas otoñales.

- Vendimia: senescencia, caída prematura de las hojas, adelanto en el agostamiento y reducción de reservas de carbohidratos y nitrógeno.

Por supuesto, el ingeniero agrónomo y su equipo controlan y monitorean la cantidad de milímetros de lluvia, para, en base a eso ajustar los requerimientos de riego, si fuese necesario. Obviamente, el factor hídrico es vital para las vides, así como para todos los seres vivos, inclusive siendo un cultivo bastante resistente al déficit de agua. Así también, si hay un momento en el que no es deseada la lluvia, es en los días próximos a la vendimia, por posibles complicaciones criptogámicas y de dilución de los compuestos de la uva.

Es ampliamente conocido además, el efecto beneficioso en los vinos resultantes de un “estrés hídrico controlado” en las vides, ya que cuando el trabajo está bien realizado, se consigue mejorar el color de la uva y una mayor concentración de compuestos polifenólicos, muchos de ellos partícipes de la calidad del vino. Algunos de esos compuestos están relacionados con la forma en que reacciona la planta a condiciones adversas. Claramente, esas condiciones deben ser correctamente manejadas para “no pasarse de la raya” y provocar daños en la vid.

A grandes rasgos y en condiciones estándares, la vid toma, mediante los pelos absorbentes de las raíces, agua y sales minerales del suelo, que conducidos por los vasos leñosos llegan hasta las hojas. Allí, en un rango óptimo de entre 25 y 35 grados, se produce la fotosíntesis, ese fantástico fenómeno donde la hoja recibe los rayos del sol, los transforma en energía química, y genera azúcares y carbohidratos, que son enviados a los racimos, el tronco y las raíces por los vasos liberianos. Además, se consume dióxido de carbono y se libera oxígeno.

Por otra parte, durante la respiración de la planta, se consume oxígeno y los azúcares son degradados en las hojas, liberando dióxido de carbono; y además, por medio de las mismas hojas se produce la transpiración, donde la planta pierde agua por evaporación para regular su temperatura. Todo esto en un perfecto y natural balance. Y es justamente para no alterar demasiado ese natural balance, que se debe tener cuidado en los niveles de estrés hídrico a aplicar.

Como en varias oportunidades recalcamos, el vino nace en el viñedo. Esa es la cuna. De un fruto bueno, con un buen enólogo, se obtiene un vino bueno, de un fruto malo, se obtiene un vino malo. No hay chances. Por eso es fundamental la atención y el cuidado del viñedo y de las plantas. Conscientes de eso, las bodegas cada vez vuelcan más esfuerzos al estudio de los terruños y de las diferentes condiciones óptimas a perseguir, para lograr una vitivinicultura de mayor calidad, año a año.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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