Martes 26 de mayo de 2015

¿Qué es la filoxera y cómo afectó al mundo del vino?

Se trata sin dudas de una de las amenazas a la que se le debe prestar especial atención, y que en su aparición en la historia produjo un cambio radical en la vitivinicultura: la plaga de la filoxera. Qué es, cómo afecta el viñedo y por qué se expandió.

La primera vez que este parásito de la vid (y de otras plantas) fue detectado, sucedió en el Este de Estados Unidos, en 1854. Allí no producía mayores consecuencias que ser una molestia. Pero lentamente, el insecto se fue esparciendo por todo el territorio de América del Norte. Alrededor de 1860, la inofensiva filoxera, estaba a las puertas de poner en jaque a la viticultura mundial. Sucede que por ese entonces, algunos viveristas europeos comenzaron a importar vides de Estados Unidos.

Eso lo hicieron porque las vides americanas tienen mayor resistencia a un tipo de enfermedad producida por un hongo llamado oídio. Entonces, esto posibilitó que la filoxera llegase a Europa y comenzase a extenderse por varios países, siendo descubierta inicialmente en 1863 en dos focos que se produjeron en Hammersmith, Gran Bretaña, y en Gard, Francia. Entonces las alarmas de una nueva y desconocida plaga comenzaron a sonar.

Posteriormente, la filoxera fue avanzando por el Ródano francés, el valle del Duero portugués, Floirac (Francia), ya en 1871 aparece en Ginebra (Suiza), Cognac (Francia), luego en Bonn (Alemania) y Austria. Para 1875 ya se había “escapado” del continente europeo y había llegado a Australia. En 1877 se detectaron focos en Málaga (España), después en Como, Sicilia y Génova (Italia), Sudáfrica, Argelia, Perú, Champagne (Francia), La Rioja (España), Marruecos, Turquía…en fin, por casi la totalidad del planeta, aniquilando cuanta plante de vid se pusiera en su camino.

Pero, ¿por qué pasó de ser una molestia en los viñedos americanos a una devastadora plaga de proporciones mundiales? La respuesta se encuentra en que la filoxera (Dactylosphaera vitifoliae) en las vides americanas sólo producía la formación de agallas o abultamientos en las hojas, provocadas por la picadura de las hembras aladas, en cuyo interior depositaban los huevos, de los que salían las larvas. Salvo por una leve merma en la capacidad de fotosíntesis de la planta, no había mayores preocupaciones.

En diversos estudios se detalla que “el ciclo biológico de la filoxera comprende dos fases: sexuada y asexuada. Las hembras aladas ponen huevos en la parte inferior de la hoja de la vid. De estos huevos nacen machos y hembras que carecen de aparato digestivo y poseen un aparto genital muy desarrollado. Machos y hembras se acoplan poco después de nacer. Los machos mueren poco después de haber consumado sus funciones sexuales, y las hembras duran algo más: hasta que ponen un “huevo de invierno” en la corteza de los sarmientos.”

“En primavera nacen de estos huevos insectos ápteros, asexuados que forman unos abultamientos (agallas) en las hojas de la vid. Se reproducen por partenogénesis y efectúan puestas de 500 o más huevos, que dan origen a otros individuos, que a su vez, ponen otros huevos. Al finalizar el verano, los insectos que atacan las partes aéreas de la planta se trasladan (descendiendo por el tallo) a las raíces, donde cada uno de ellos pone alrededor de 30 huevos, de donde nacen los insectos radicícolas que viven en un cierto letargo durante el invierno, atacando las raíces de la vid.”

“En primavera, estos insectos radicícolas se reproducen y originan ejemplares ápteros y alados, los cuales, a su vez, se reproducen por partenogénesis. Los individuos alados salen a la superficie iniciándose un nuevo ciclo para la planta y/o propagando este ciclo contaminando otras plantas.” Luego de mucha investigación y análisis, se descubrió la explicación del problema y el por qué las vides que no eran americanas se veían afectadas.

La picadura de las larvas de la filoxera en las raicillas subterráneas de la vid europea, provocaba heridas en el tejido superficial y en los meristemos, que después eran invadidas por bacterias y hongos, matando en pocas semanas a la planta. En tanto, la resistencia de la vid americana a la filoxera se atribuye a la naturaleza de sus raicillas, más férreas por la presencia de una fina capa que impide que la picadura pueda alcanzar los tejidos más jóvenes o de crecimiento, y además porque sus células tienen capacidad de rápida regeneración, todo lo cual no ocurre en las cepas europeas.

¿La solución? El llamado porta-injerto, o sea, insertar una vid europea en un tallo-raíz de vid americana. Así es como la viticultura mundial logró sobrevivir. Hoy en día, en todas partes del planeta se utilizan los porta-injerto, siendo una forma de cultivo totalmente expandida. De todas formas, aún quedan zonas que se consideran libres (por ahora) del ataque de este insecto, bien sea por su clima más bien fresco (la Patagonia más austral), o por accidentes geográficos que las mantienen al margen (como ejemplos Las Islas Canarias y Chile).

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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