Lunes 09 de septiembre de 2019

Quiero comprar un vino…¿cuál de todos elijo?

En muchas oportunidades podemos observar personas paradas delante de las góndolas de vinos mirando en forma absorta, perdidas en ese mar de etiquetas, de distintos precios y colores…agarrando una botella, dejándola, y agarrando la de al lado, susurrando “¿cómo sé cuál comprar?”.

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“¿Yo me tengo que ocupar de comprar vino?...¿y cómo sé cuál llevar?, no entiendo nada”. Es una frase que se escucha seguido. Ir a comprar un vino les puede causar temor a algunas personas. Como si fuese una tarea que prefiere ser esquivada, por miedo a “elegir mal”. Esto no sólo no debería ser así, sino que todo lo contrario. Ir a comprar un vino es tan sencillo como cualquier tarea cotidiana, y de complicado no tiene nada. ¿O acaso a alguien le agarra temor cuando le dicen que vaya a comprar una cerveza? ¿Y entonces por qué con el vino sí sucede? Veamos.

Primero y principal, sobre gustos no hay nada escrito, y menos en el mundo del vino. Esto ya lo repetimos infinidad de veces, pero vale la pena recordarlo. Por lo tanto no existe un vino que sea “rico” siempre y para todos, así como no existen vinos “feos”. El vino es un momento, único e irrepetible. Aquella persona que compra siempre la misma marca porque “es un buen vino”, se pierde de descubrir todo un mundo, que realmente lo sorprendería.

Y cualquier persona que se precie de “saber” algo de vinos, entiende que no se pueden recomendar vinos, sino sólo dar una opinión sobre lo que a uno personalmente le pareció dicho vino. No se puede decir “compralo porque es rico”, ya que tal vez a esa otra persona, no le guste tanto. El vino es subjetivo al máximo. Y todos los participantes de cursos serios pueden dar fe de esto, ya que es algo que ellos mismos van descubriendo.

Otros errores muy comunes son creer que los vinos más caros son los mejores, que los vinos de bodegas “boutique” (sic) son superiores, que si la botella es pesada el vino es mejor, o que si la concavidad de la misma es muy profunda nos hablará de un gran vino. Nada de eso es una regla. No existen reglas a la hora de comprar un vino. Lo que se bebe está adentro, no se bebe la botella o la etiqueta.

Posiblemente si estamos en una vinoteca, el dueño o el sommelier nos ayuden en nuestra decisión, pero siempre aplicando sus gustos u opiniones. Para saber de vinos, hay que tomar vino, no hay muchas opciones. Tampoco es verdad que a las mujeres les gustan los blancos y a los hombres los tintos, es una gran mentira. Es una mentira como esa que dice que los espumosos se toman sólo en Navidad. Así como éstas, hay muchas otras.

Se debe hacer un párrafo aparte para el caso de las bodegas que no son tan conocidas. Existen aquí aquellos que dicen que las bodegas “boutique” son las mejores, porque su producción es pequeña y muy cuidada. También existen los que aseguran que como no son una gran bodega, muchas veces tienen problemas, o su calidad no es contínua. No están en lo cierto ni unos, ni otros. Como en el caso de las grandes bodegas, hay de todo, mejores y peores.

En resumen, comprar un vino es mucho más sencillo que lo que nos podemos imaginar. Es ir al supermercado o a la vinoteca (preferentemente) y escoger lo que nuestra intuición nos indique acorde al presupuesto que tenemos para gastar. Prueba y error. E ir variando, para permitirnos formar nuestro paladar, como con la comida. Y disfrutar de cada momento que se pueda tener con el vino, sabiendo que tal vez esa misma etiqueta en otro día o momento, no nos resulte igual.

Es cierto que en algunas oportunidades, las personas que atienden los comercios, como decíamos, pueden llegar a darnos una mano o a aconsejarnos sobre qué podemos comprar. Pero por mejor intención que tengan, no tienen forma de conocer el gusto exacto del consumidor que está comprando, por lo tanto es sólo una opinión más. Comprar un vino debería ser tan sencillo como lo describimos en el párrafo anterior. Y probar la mayor variedad posible, ya que allí reside el gusto. Y siempre recuerde que en una cata a ciegas (o sea con las botellas cubiertas), el consumidor promedio no se da una idea que vino está tomando, por lo tanto no tenga miedo en variar de etiquetas, todo es subjetivo.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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