Lunes 20 de mayo de 2019

“Me encanta ese vino que jamás hubiese comprado”

En esta columna el autor detalla la experiencia de hacer probar vinos “no tan comunes” a las personas que asisten a cursos o degustaciones, las cuales se quedan sorprendidas ya que a priori (mal) pensaban que son vinos que jamás hubiesen comprado.

Términos “verseros” para describir un vino

“Malbec… cuando tengo que comprar un vino, compro un Malbec…o a lo sumo un Cabernet Sauvignon…los otros tengo entendido que no son tan buenos, ¿no?” Es esta una afirmación escuchada por los cuatro rincones, donde lamentablemente el marketing hace su trabajo con creces en el consumidor promedio. Y se lo machacan tanto, que después las góndolas de las vinotecas o supermercados argentinos, son en su gran mayoría, de una sola cepa.

Y es entendible, porque necesitan vender. Y si uno va y compra siempre lo mismo, eso es lo que más se va a ofrecer, o viceversa, aunque para el caso es lo mismo. Muchas veces, inclusive, esto va mas allá aún: “para las mujeres, vinos dulces, y para los hombres, los tintos”…”los espumantes (sic) no son vinos”…”yo solo bebo ‘tal’ marca de vino, porque nunca falla”…”los pescados con vino blanco, las carnes con vino tinto”…”yo tomo el vino con soda, pero no lo digo por vergüenza”…”los vinos de ‘cajita’ son malos”…y siguen las firmas al pie.

Hasta que un buen día, ese consumidor promedio de vinos, que es uno de los pilares que sustentan la industria, y que bienvenido así sea, siente curiosidad y se anota en un curso de vinos, o en alguna degustación a ciegas…porque piensa “¿a ver de qué se trata esto?”, o porque algún amigo que ya asistió se lo recomendó. Tal vez hasta vaya no convencido del todo, pensando que le van a hablar de los tan mentados frutos rojos, que él jamás olió, y que no le quedará otra que asentir con la cabeza cuando le pregunten si los huele.

Pero…la vida da sorpresas. En una degustación correcta se aclara que sobre los gustos personales es imposible opinar, que nadie sabe más que el otro, y que ni siquiera el que dirige el evento puede recomendar un vino o afirmar si tal vino tiene que gustar y tal otro no. Entonces ahí las personas comienzan a sentirse cómodas y respetadas. Y se abren a la experiencia de probar y de someter a prueba sus creencias sobre los vinos. Y las afirmaciones del primer y del segundo párrafo, se caen abajo. Solitas nomás…

Argentina es, felizmente, mucho más que el Malbec. Aquí se hacen excelentes vinos con las uvas Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Cabernet Franc, Petit Verdot, Sauvignon Blanc, Chardonnay, Viognier, Torrontés, Pinot Noir, Criolla, y un montón mas…y ni que hablar de los vinos de corte, o blend, o assamblage…todo un abanico que cada vez crece más en amplitud. Y cuando el consumidor los prueba y descubre luego de qué se trataba, queda con la boca abierta.

“¿Pero cómo puede ser que este vino que no tiene una medallita me guste más que aquel, que sí la tiene? Yo no entiendo nada”. Todo lo contrario, está entendiendo ahora.

“¿Pero cómo puede ser que no me haya gustado este vino, que en la tele tiene una propaganda con caballos y veleros, y me haya gustado aquel otro, que no lo conocía?” Porque la publicidad alguien la paga, y generalmente se carga en el precio del vino, y no tiene nada que ver con lo que hay adentro de la botella.

Y siguen los testimonios recogidos de personas reales, en cientos y cientos de oportunidades:

“A mi esposo le gustó ese vino dulce, y yo me volví loca con el Merlot. Nunca nos había pasado” La pregunta sería, ¿lo habían probado?.

“Qué rico el champagne (sic) que probamos, no me hubiese imaginado!!”

“No puedo creer que el vino que yo siempre tomo no haya sido el que más me gustó, y eran todos del mismo precio”.

“Que hermosa la combinación de comida y vinos en esta cena, son maridajes (sic) que nunca había probado, tenía entendido que estaban mal”.

“¿Cómo que si me gusta tomar el vino con soda no hay problema?” Por supuesto que no, forma parte del ADN argentino.

“Muchos vinos de cajita son mejores que algunos vinos en botella. Es increíble”.

Y las afirmaciones continúan por doquier. Y siempre se escucha “me encanta este vino, pero jamás lo hubiese comprado: no es Malbec, ni tiene medallita, y no conozco la marca”.

Probar, probar y probar, esa es la clave. Siempre con moderación, obvio. Y permitir dejarse sorprender. Gracias a Dios el vino argentino goza de cada vez más prestigio, pero si tomamos siempre lo mismo, difícil va a ser descubrirlo. Y es el consumidor, el primero en darse cuenta de esto cuando prueba vinos que jamás hubiese comprado.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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