Lunes 21 de enero de 2019

El nacimiento del vino en el viñedo (factores permanentes)

Son varios los conceptos que pueden llegar a determinar las características de las uvas a cosechar, y por ende, las del vino terminado. En esta saga de cuatro columnas, que iremos publicando nota por medio, analizaremos esas circunstancias, que se engloban dentro de cuatro grandes factores.

¿Qué son las cubiertas vegetales en el viñedo y para qué sirven?

La idea central, es que al finalizar la saga, el lector pueda poseer un paneo completo de los factores que influyen en la calidad de la vendimia, siendo condicionados entre si, y condicionantes del producto final, para poder comprender porqué se afirma que el vino “nace en el viñedo”. En esta primera entrega, analizaremos los factores denominados “permanentes”, que son aquellos cuya acción es constante, permaneciendo casi inmutables en el tiempo. Son los que imprimen la “tipicidad” de un vino.

Clima: Es el resultado de las condiciones atmosféricas generales donde se ubica el viñedo. Si bien la climatología varía de un año a otro (viéndose más adelante en otra familia de factores), esto se refiere al carácter general del clima de la zona, que influirá siempre en el mismo sentido. Así, en general, en climas cálidos se obtienen uvas ricas en azúcares y pobres en acidez, siendo lo contrario en climas fríos. A este último caso, se adaptan mejor las variedades de ciclo de maduración corto que no necesitan tantas horas de sol al año.

Microclima: Se trata de las condiciones particulares del viñedo, donde la orografía tiene especial influencia. Un viñedo en una hondonada puede ser un riesgo en las heladas primaverales, uno en una loma puede estar más expuesto a las brisas o vientos (que a su vez pueden ser anulados por una formación de mayor altura), uno en una ladera se considera como “ideal” (si cabe el término) porque no acumulan aire frío ni exceso de agua. Y como estos, otros tantos ejemplos.

Suelo: Los principales minerales que requiere la vid son nitrógeno (para el desarrollo), potasio (metabolismo) y fósforo (transporte de sustancias y metabolismo). Además, otros como: calcio, magnesio, hierro, boro, cobre, etc. La composición mineral del suelo importa sobre todo por aquellos elementos que son solubles en agua y que son los que ingresan a la planta (es la solución mineral). Los minerales de la planta del único lugar de donde salen es del suelo (la planta no sintetiza minerales), y son el fruto de lo que absorbe con el agua, y no todos los suelos tienen la misma retención de agua.

El suelo óptimo para la vid debería ser, en líneas muy generales, más bien pobre (sin exceso de materia orgánica), suelto, y con buen drenaje. La vid debe luchar por su supervivencia, debe esforzarse (en medida), debe trabajar por conseguir agua. Los suelos de gravas o piedras colaboran con la aireación y el drenaje. Y es de destacar que los terrenos de color más claro actúan como espejos: reflejan el calor y la luz hacia las plantas, favoreciendo la maduración y la fotosíntesis. El problema es que durante las épocas de heladas son más susceptibles, primero por la irradiación de las mismas, y segundo por no retener el calor. En el caso de los terrenos más oscuros, es lo opuesto.

Variedad de uva y portainjerto: Se los enmarca como un factor permanente, considerando la salvedad que el viñedo puede ser replantado (con los costos que eso conlleva). La variedad debe ser la idónea para el tipo de suelo y clima, e inclusive hoy en día se contemplan los distintos clones dentro de una misma variedad, con mejor adaptación a diversas situaciones puntuales y mayor resistencia a las enfermedades.

Los portainjertos (nacidos en la lucha contra la filoxera), pueden sobrevivir incluso a un cambio de variedad por sobreinjerto. Pueden influir en la mayor o menor absorción de agua y de nutrientes, en el vigor, la maduración, resistencia a la sequía, entre otros.

Densidad y disposición del viñedo: La densidad de plantación es el número de cepas plantadas, generalmente, por hectárea, lo que está ligado a la fertilidad del terreno y la disponibilidad de agua. Esta densidad determina la exploración del suelo por el sistema radicular del viñedo y por lo tanto una gran cantidad de sus funciones vegetativas. Ajustando el número de cepas por hectárea a las posibilidades del medio de cultivo, se pueden obtener vendimias de calidad, creando un equilibrio entre el medio y las vides.

La disposición del viñedo se refiere a la forma de distribuir las vides en una superficie, pudiendo establecerse en calles, marco rectangular, etcétera, dependiendo su elección de las condiciones y necesidad o no de mecanización.

Sistema de conducción: Es este otro importante factor que afecta la producción del viñedo y a la geometría de su disposición foliar, en equilibrio con otros factores del cultivo. No solo es importante disponer de una superficie correcta de hojas, sino que también lo es que se encuentren bien iluminadas. El correcto manejo de estos factores es clave en las buenas maduraciones y por lo tanto en los buenos vinos, cuestión que se resuelve utilizando un adecuado sistema de conducción para cada ecosistema vitícola.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

DeVinosyVides :: Portal especializado en el mundo del vino. Vitivinicultura, enología, bodegas, noticias y material especial.

Copyright 2014 - www.devinosyvides.com.ar - Todos los derechos reservados.