Lunes 26 de septiembre de 2016

¿Qué son y para qué sirven las ferias de vinos?

Se las suele denominar “expo” o “feria”, y son eventos que cada vez convocan mayor cantidad de personas y bodegas. En esta nota explicaremos cuál es la finalidad de estos acontecimientos y que podemos esperar encontrar en ellos.

¿Cómo es un concurso de vinos desde adentro?

Era muy difícil hace diez o quince años (ni hablar más atrás), tener la posibilidad de asistir a una exposición de vinos. Eso fue cambiando paulatinamente acompañando el interés de las personas por concurrir a estos eventos, y el interés de las bodegas por acercarse a los consumidores. En Argentina, hoy en día contamos con un nutrido calendario de exposiciones, que no se limita solamente a centros neurálgicos como Buenos Aires, Mendoza o Córdoba, sino que se encuentran distribuidas por todo el país, a lo largo y a lo ancho.

La finalidad fundamental de estas ferias, es que las bodegas ofrecen su porfolio completo, o parte de él, para que el consumidor pueda degustarlo ahí mismo, en ese momento, con el profesional idóneo frente a sus ojos. Y las bodegas tienen tanto interés en que así sea, que ese profesional suele ser el mismísimo enólogo que elaboró el vino, un sommelier convocado especialmente, un gerente de ventas, o hasta en algunos casos, el propio dueño del establecimiento.

Son ocasiones en las cuales el productor y el consumidor se encuentran cara a cara, con la posibilidad de obtener, por parte del consumidor, una explicación acerca del vino que está probando, su modo de elaboración, técnicas, consejos especiales de acompañamiento, guarda recomendada, etcétera. Y por parte del productor, la posibilidad de obtener una devolución u opinión de sus vinos, de cientos de personas en una misma oportunidad.

Son “termómetros” importantísimos para la industria. Como decíamos, esto ya no se limita a las principales metrópolis del país o a las localidades donde más vino se elabora. Es una costumbre que, felizmente, se extendió a una innumerable cantidad de ciudades, entre ellas Bahía Blanca, Bariloche, Villa La Angostura, Tandil y Mar del Plata, por nombrar rápidamente algunos ejemplos. Pero hay muchos más.

Y las temáticas de las exposiciones, como su duración, son muy disímiles. En algunos casos, las “expo” duran un día, en otros dos, en otros una semana. Así también, acorde a su envergadura, pueden realizarse en un hotel, en un centro de convenciones, o directamente en predios gigantescos. En cuanto a la temática, pueden ser “de lujo”, de vinos “raros”, abierta a todas las bodegas, o de una región productora en particular, etcétera.

Mayormente, los valores de las entradas son ampliamente favorables para el asistente, ya que por el valor de tal vez un vino de alta gama, va a poder disfrutar de muchos de ellos en un mismo lugar, además de la gastronomía y de las charlas o explicaciones de cada caso. En la generalidad, las entradas se agotan o los visitantes superan las expectativas, lo que las transforma en un círculo virtuoso, fomentando la siguiente edición.

Se da dentro de dichas exposiciones también, un marco muy idóneo para la generación de nuevos negocios entre las bodegas y los dueños o representantes de hoteles, restaurantes, tiendas gourmet, e inclusive exportadores. Muchas “expos” cuentan con un salón o “reservado”, un tanto retirado del público, para que allí tengan lugar las charlas y los acuerdos comerciales. Otro motivo de interés para las partes asistentes.

Como comentábamos más arriba, felizmente las ferias de vinos se están expandiendo cada vez en mayor proporción, haciendo de estos eventos, junto con las degustaciones, los cursos, y las carreras afines, una herramienta muy poderosa para la difusión de la cultura del vino (nuestra bebida nacional), atrayendo mayor cantidad de asistentes y de bodegas conforme avanzan las ediciones y los años, además de haberse transformado en una actividad sumamente interesante.

Esto es así a tal punto, que es muy común encontrarse con notas o artículos en diferentes periódicos o revistas no especializados en el tema, que hablan acerca de la sorprendente convocatoria que acarrean estas ferias, fenómeno que paralelamente acontece en las degustaciones y en los cursos sobre vinos. Sucede que con el cambio de paradigma y la forma actual de transmitir el vino, que el consumidor promedio ya está perdiendo “el miedo”, ya no teme a “no saber de vinos”, y cada vez más, se anima a descubrir el fascinante mundo vitivinícola.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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