Lunes 04 de enero de 2016

Vinos y Mitos: “Si es caro, añejo y de bodega boutique, seguro es bueno”

Nuevo capítulo de la saga “Vinos y Mitos”, con la clara intención de echar por tierra aquellas afirmaciones absolutistas que intentan imponernos determinadas reglas antes de elegir un vino. Reglas que son totalmente falsas.

“El vino, cuanto más añejo, mejor”

La norma no puede ser aplicada en forma general y amplia. No todos los vinos son diseñados para perdurar a lo largo de los años. En nuestra nota anterior “¿Por qué motivo deberíamos guardar un vino?” damos una explicación profunda al respecto. Pero podríamos resumir que, en el caso de los tintos, que son los vinos añejables por excelencia, existen específicos componentes que enmarcan implícitamente un potencial de guarda.

El alcohol, la acidez y los polifenoles, son la columna vertebral del vino. El enólogo y el ingeniero agrónomo guían el proceso vegetativo en el viñedo y la vinificación en la bodega para arribar a los resultados deseados. De este modo llegarán a los niveles y tipos de alcohol, acidez y polifenoles deseados, que redundarán en un determinado estilo de vino, en algunos casos diagramado para el consumo dentro de los primeros meses, en otros casos en algunos años, e inclusive durante varias décadas posteriores a la cosecha.

“Cuanto más caro es el vino, mejor”

Es posiblemente la primera mentira que nos creemos al ingresar al mundo del vino. Lamentablemente, al momento de desenmascararla, la desazón es grande, ya que en el medio hubo una inversión y una ilusión que se desplomaron. Para profundizar al respecto, recomendamos una nota que publicamos hace ya varios años, pero que su vigencia está intacta: “Compré ese vino tan caro, lo tomé, y no me gustó”. Pero, nuevamente, podemos resumir que el precio de un vino se fija acorde a distintos ítems.

Básicamente, los rendimientos por hectárea, la mano de obra y los barriles de roble son determinantes en los costos de producción, que se traducen luego en el precio a establecer. Estos lo son como factores objetivos. Existen además los factores subjetivos, como la marca, su trayectoria, el enólogo en cuestión, la jerarquía de la zona de procedencia, el segmento del mercado al que se apunta, etcétera. Son tal vez los factores subjetivos los que “ensucian” la cancha de los precios.

A grandes rasgos, cuanto más caro sea un vino, mayor será su calidad y la dedicación aplicada en él. Pero esto no es lineal con los gustos. Para nada. Puede ocurrir que Usted prefiera un vino más “fresco” o “suave”, sin “paso por madera”, que seguramente será menos oneroso que un vino con “cuerpo”, “estructura” y “añejamiento en roble”. Son gustos, tan sencillo como eso. En las catas a ciegas (donde se prueban los vinos sin conocer la etiqueta), queda perfectamente demostrado.

A Usted le pueden gustar muchos vinos que sean costosos, de la misma manera que le pueden gustar otros que sean muy económicos. Ahí entra en juego la llamada “relación precio-calidad”, donde lo que se persigue como ideal es encontrar la mayor calidad posible dentro del precio más bajo al respecto. No hay nada mejor que probar muchos vinos (que no es lo mismo que mucho vino) para formar la propia opinión acerca de cada uno de ellos. De todos modos, si Usted desea leer algo más, le recomiendo lo siguiente: “Momentos. Sólo existen momentos”.

“Si es de una bodega boutique, seguro es bueno”

La creencia que los mejores vinos se elaboran en pequeñas bodegas es falsa. Así de claro. En el universo de los vinos existe de todo. Hay excelentes vinos de bodegas grandes, de bodegas medianas y de bodegas pequeñas. Así también, hay vinos no tan buenos hechos por bodegas grandes, por bodegas medianas y por bodegas pequeñas. En enología, en vitivinicultura, casi nunca uno más uno es dos. Se trabaja permanentemente con organismos vivos: las plantas, los insectos, los microorganismos, bacterias, levaduras…el arte de hacer vinos es un proceso plagado de vida.

Las definiciones tajantes no tienen lugar, ni en el precio, ni en el gusto, ni en el origen del vino. Un vino puede ser excelente indistintamente del tamaño de la bodega, del lugar de procedencia, del enólogo, de si es orgánico o biodinámico, o lo que fuese. El que va a determinar si el vino le gusta o no, es el consumidor, y en definitiva es lo único que importa. Por supuesto, cuanto más formado esté el consumidor, más podrá apreciar y comprender. Una obra de arte no sirve para nada sin alguien que la contemple.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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