Sábado 14 de septiembre de 2013

Testigos y actores de la historia del vino argentino

El Viejo Mundo tiene miles de años de historia de viticultura, eso es indiscutible. Pero también es muy cierto que muchos países del Nuevo Mundo poseen una cronología muy amplia, que en el caso de Argentina llega a más de 500 años. Del mismo modo, existen varias bodegas actuales de nuestro país, que tuvieron sus comienzos hace muchos años más de los que uno se puede imaginar. Un ejemplo de ello, es la empresa que vamos a conocer hoy, Bodega Barberis.

En una cena muy amistosa, disfrutamos de la oportunidad de conversar con Adrián Barberis, actual propietario del establecimiento, y del placer de catar sus vinos. A lo largo de la charla, pudimos ir vislumbrando la pasión y entrega que Adrián le brinda a su bodega, además de descubrir que se trata de una persona realmente admirable, sencilla, y afable. Son, afortunadamente, abundantes este tipo de situaciones dentro del mundo del vino: esa unión y complicidad entre las personas, es justamente uno de los adjetivos que entrega el vino.

Si bien en nuestros días existen grandes bodegas con miles de hectáreas cultivadas, imponentes edificios y gigantes salas de barricas, en los comienzos el asunto era muy diferente. Imagínese Usted que ni siquiera existía la Licenciatura en Enología, ni nada que se le parezca. Los conocimientos eran transmitidos y mejorados de generación en generación, acorde a las experiencias vividas con el correr de las cosechas.

Y esas experiencias venían, por supuesto, en los barcos desde Europa. Así fue como en 1895, Bernardo Domingo Barberis (bisabuelo de Adrián) partió desde Piamonte, Italia, hacia tierras argentinas. Luego de algunos años, alrededor de 1910, levantó una pequeña bodega donde empezó a producir vino de manera artesanal, guiándose por los métodos que había aprendido en su Italia natal, donde la viticultura ya se encontraba muy expandida.

Don Bernardo conservó la bodega hasta cerca de 1920, debido a que falleció siendo muy joven. A partir de ese momento se abre un brecha en la historia de Barberis, y de allí el título de esta columna, ya que durante unos años la familia fue sólo testigo de la viticultura argentina, coincidente con el fin de la Primera Guerra Mundial, donde los vinos locales tomaron un viraje hacia la mejora en la calidad del producto final.

Pero en 1965, vuelven a ser actores del sector vitivinícola, ya que Humberto Barberis (nieto de Bernardo) adquiere su primer viñedo en Mendoza, donde comienza a producir uvas para ser comercializadas a otras bodegas (en aquellos tiempos, el consumo per cápita anual de vino era de 90 litros, en nuestros días es de aproximadamente 29). Les tocó atravesar también por períodos de altibajos, porque los fines de los 1970 y comienzos de los 1980 marcaron una fuerte disminución en el consumo.

Así y todo, en 1985 (20 años después de haber comprado el primer viñedo), Humberto compra una bodega, la recicla por completo, e inicia la producción de vinos a granel, que gracias a la alta calidad que poseían, eran vendidos a las principales bodegas de aquel entonces. Luego de cuatro años, en 1989, se mudó a una bodega en Vistalba (que también recicló), donde elaboró no sólo sus propios vinos, sino que también elaboró para otras bodegas.

Ya siendo una firma consolidada en cuanto a la categoría de sus productos, en el año 2000 empiezan a exportar vinos a los principales mercados del mundo, hasta que en 2007 vuelven a mudarse. Esta vez a la que es su presente bodega, ubicada en Guaymallén, equipada con la más moderna tecnología y dedicada a alcanzar los mas altos estándares, donde en la actualidad producen vinos de primera calidad y en distintos segmentos de precios.

Hoy en día, Bodega Barberis confecciona 350.000 litros al año, posee una capacidad de vasija de 1,2 millones de litros, exporta el 80 % de su producción (a Brasil, Canadá, Estados Unidos, China, entre otros), cuenta con 20 hectáreas de viñedos propios además de 40 hectáreas de terceros a los que les compra uva, utiliza materiales de primera categoría (corchos de Portugal, barricas de Francia), y se encuentra afianzada tanto a nivel local como internacional.

La historia de la Bodega Barberis es un rápido ejemplo y resumen de cómo nacieron y de lo que atravesaron muchas de las bodegas mas antiguas de Argentina, que son sólo un puñado en comparación a las que existen actualmente. Éstas últimas, tuvieron su explosión y expansión desde la década de 1990, momento en el cual volvieron a crecer exponencialmente las hectáreas plantadas y los establecimientos productores de vino.

Según los datos actuales del Instituto Nacional de Vitivinicultura, en nuestros días el país posee 221.202 hectáreas de viñedos y cuenta con 948 bodegas elaboradoras oficialmente inscriptas.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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