Lunes 18 de mayo de 2020

“Lo compré porque me gustó la etiqueta”

Las cosas entran por los ojos, es sabido. Vaya uno sino a preguntarle a algún licenciado en marketing o al dueño de una agencia de publicidad. Y en un producto como el vino, donde hay tanta cantidad, la necesidad de diferenciarse del resto e identificarse con propiedad, es muy importante.

El vestido de la botella: ¿cómo se diseña la etiqueta de un vino?

La idea, por supuesto, es colocar en el mercado una botella atractiva y llamativa, que dé la impresión que su contenido es “rico”, o tan agradable como el envase...o sea, crear en el consumidor la idea de que esa botella, con muchas particularidades, encierra necesariamente un buen vino.

Por ese motivo, se las dota de una variada cantidad de detalles y elementos que sean capaces de atraer la atención del consumidor, que le digan algo así como “llevame a mí, no a la botella de al lado, yo soy más linda”, lo cual hace suponer al comprador, que el líquido que hay adentro también va a ser mejor que otro. Pero por supuesto, no siempre es así. Es más, yo diría que, habiendo dos posibilidades, que el vino sea rico o que no lo sea para Usted, la probabilidad de acertar es del 50 %.

¿Pero eso qué significa, que si alguien compra una botella de vidrio grueso, super-pesada, puede ser que el vino no le guste? Exactamente. Es así. De hecho, en estos tiempos, muchas de las principales bodegas del mundo están dejando en desuso ese tipo de botellas e inclinándose por las clásicas más livianas, en consonancia con la “onda eco”, ya que son más fáciles de reciclar y además no utilizan tanto vidrio en su fabricación.

Pero el vino que llevan adentro, sigue siendo de la misma calidad que antes. Es que en el mundo del vino, es prueba y error: nadie puede decirle a Usted que vino le va a gustar y cual no, porque los gustos son suyos, de nadie más. Lo que no podemos negar, es que se puede influir sobre las preferencias de las personas, ya sea directa o indirectamente. Una botella excelentemente presentada, pretende dar a entender que el vino es excelente, y así el comprador ya se predispone a que el vino le guste.

O en algún caso puede pasar a la inversa: una persona compra una gran botella, costosa, que hace que su expectativa sea muy alta, y al abrirla se puede llevar la desilusión de su vida. Por eso, como recién decíamos, no hay otra opción que probar, probar y probar. Esa es la única forma de ir moldeando el paladar y de identificar cuáles son nuestros gustos respecto al vino, para así crear nuestra propia opinión sobre cada uno, más allá de lo que después nos quieran “recomendar”.

Paralelamente, se plantea la discusión que afirma: ¿cómo un productor de vino va a gastar una gran cantidad de dinero en botella, etiqueta, corcho y cápsula, si lo que pone adentro no se condice con lo que hay en el packaging? Y la respuesta a ese planteo, es que seguramente la calidad del vino se condiga con la calidad de la botella y sus accesorios, eso no está en discusión. Pero debemos recordar que la calidad y los gustos no son lineales.

Un vino puede poseer una alta calidad, y a Usted no gustarle. O bien porque tiene mucho “cuerpo”, o poca “fruta”, o mucha “estructura”, o por un sinfín de motivos. Y eso no quiere decir que Usted no sepa de vinos, simplemente ese vino no le gusta, y punto, ese el fin de la discusión: cuando la persona que toma el vino dice “me gusta” o “no me gusta”. Ahí se acaban las habladurías: el poder de la marca, los frutos rojos, la amplitud térmica, y tantas otras cosas más, caen en el vacío.

Esto no se trata, claro, de hacer una apología de que los vinos costosos no son mejores que los económicos. Por supuesto que no. Pero tenemos que saber que, indudablemente, va a haber vinos costosos que nos van a encantar, va a haber vinos no tan costosos que también nos van a encantar, y que va a haber vinos de todos los segmentos que no nos van a gustar tanto. Pero siempre eso se da por analogía, por comparación. Por lo tanto para poder llegar a comparar, se deben probar vinos diferentes.

En lo referente al vidrio, la botella de vino debe su color verdoso a la intención de proteger el líquido lo mejor posible durante su añejamiento. Considerando que el vino es fotosensible (o sea que lo afecta la luz), luego de diversos estudios y pruebas, se detectó que el color de vidrio de tonalidad verde interrumpe mejor las radiaciones ultravioletas y las violetas, y deja pasar muy poco las azules. Se comprendió entonces que era el tono de color más apropiado. Por el mismo motivo, las botellas de vino blanco, no aptas en su mayoría para una guarda prolongada, poseen un vidrio transparente.

El peso de la botella se asocia en general a una mayor calidad del producto que contienen, entendiendo que al poseer un vidrio más grueso y denso, se condice con un vino superior, destinado a un largo periodo de guarda.

Además, hay un viejo conocido: el culotte o "picada" de la botella, que es la concavidad que poseen las mismas en el fondo, ahí donde, en caso de ser pronunciada, Usted puede meter el dedo. Ahora bien, el nacimiento de la concavidad del fondo de la botella data de cuando las mismas eran hechas por los sopladores de vidrio. La base era utilizada para ser apoyada en una especie de cuña que sostenía el recipiente mientras era trabajado con el vidrio aún caliente. Con el correr de los años y las modas, las botellas comenzaron a ser más grandes y gruesas con la intención de soportar un largo añejamiento, por lo tanto la picada pasó a ser mas "onda", porque si así no fuese, la botella contendría más de 750 cm3. Esa concavidad profunda, es algo que en nuestros días está casi estandarizado como una supuesta “calidad”.

En cuanto a darle una forma idéntica a todas las botellas, recién pudo ser posible cuando se comenzaron a producir a escala industrial, en fábricas donde salían todas iguales. La típica que conocemos de vino tinto se llama Burdeos, y es esa que posee unos "hombros" pronunciados, para que cuando la botella reposa en posición horizontal, los sedimentos queden allí depositados. El otro tipo más conocido se llama Borgoña, y es de "hombros" caídos y cuello y cuerpo anchos, mayormente utilizada para vinos blancos.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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