Lunes 25 de abril de 2016

¿Qué es la ampelografía?

Para explicar la respuesta a la pregunta del título, escribe este interesante artículo el Ingeniero Agrónomo Carlos Catania, que además de ser el autor de numerosos e instructivos trabajos científicos, dicta desde el año 1988 el Curso Superior de Degustación de Vinos en el INTA.

Historias curiosas: El origen de los nombres de las uvas tintas

“Esta palabra complicada viene del griego, significa simplemente ‘descripción de la vid’, y ha desvelado durante un siglo a los hacedores de vino. Y con razón, pues la vid tiene una gran capacidad de mutación genética que va produciendo cambios de distinta magnitud en la planta, que luego incidirán en la producción de un vino totalmente diferente, constituyéndose en otra variedad.

La vid tiene un origen muy antiguo, y es por ello y por su gran capacidad de mutación, que existe actualmente una cantidad elevada de variedades, que fueron conocidas con distintos nombres según época y lugar. Para colmo, una misma variedad puede presentar algunos cambios según región y modo de cultivo. Por ello, identificar correctamente un cepaje o variedad puede ser algo complicado, y es generalmente una tarea reservada para especialistas en el reconocimiento varietal, más comúnmente conocidos como ‘ampelógrafos’.

La forma de la hoja y de sus componentes (pecíolo, lobunos y nervaduras), es sin duda la más importante para una correcta identificación También se tienen en cuenta la forma de brotes, racimos y granos.

Nuestro país tuvo que lidiar con una tremenda confusión varietal, para poder llegar al estado de certeza actual, donde la mayor parte de los vinos se venden como vinos varietales perfectamente identificados. En efecto, existían variedades “criollas” (reproducidas a partir de semillas traídas durante la conquista), variedades “europeas” de distintos orígenes aportados por los inmigrantes en el siglo XIX, y variedades producto del cruzamiento entre ambas, como es el caso de la Torrontés.

Con el correr de los años, los verdaderos nombres se olvidaron y luego se usaron denominaciones incorrectas, llegando así a tener una verdadera confusión varietal.

La primera ampelografía apareció en 1911 (L. Suárez). Luego de un trabajo del INTA de varios años (J. Vega, W. Cinta y A. Alcalde), se logró una correcta identificación de nuestras uvas. Así se descubrió entre otros, que lo que llamábamos Riesling era en realidad Tocai Friulano, y que la Barbera era Bonarda. También descubrimos que teníamos Chardonnay y Sauvignon Blanc del mejor, y caso casi único en el mundo, formas muy antiguas de Cabernet Sauvignon y Malbec.

Nuevos estudios nos han mostrado que cada variedad puede tener pequeñas diferencias en su forma, que se denominan clones. Dan vinos de diferentes matices y son muy requeridos por las bodegas para afinar sus productos.

La ampelografía es indudablemente una tarea que nunca termina, pero que actualmente cuenta con una herramienta formidable para casos de duda: el estudio del ADN. Sin embargo, el análisis visual sigue siendo el utilizado por los ingenieros agrónomos a cargo del viñedo, siempre atentos a la aparición de alguna cepa intrusa que requiera de cuidados diferentes y que pueda perturbar las características sensoriales del futuro vino.”

Ing. Agr. Carlos Catania


En lo referente al nacimiento de la palabra ampelografía, contamos con el siguiente relato mitológico como posible origen de la misma:

En la mitología griega, el dios del vino es Dionisio, hijo de Zeus y Sémele. Generalmente se lo representa junto a una pantera, un leopardo y un racimo de uvas. Cuando era joven, Dionisio descubrió la viticultura y se dedicó a ella, pero Hera lo hizo enloquecer y vagar por el mundo. Curado de su locura por la diosa Rea, se dedicó a enseñar todo lo referente al vino y su producción en muchos lugares de Asia, sobre todo en India. Para los griegos, este dios inventó el vino.

Dice la leyenda, que Dionisio estaba enamorado de su joven amigo Ampelo, y es por eso que le regaló una cepa de vid que estaba pendiendo a lo alto de un árbol, llena de racimos. Tentado por lo apetitoso del fruto, Ampelo subió al árbol para probarlo, pero cayó desde lo alto y murió. Muy triste por su muerte, Dionisio lo transformó en una constelación. Otra leyenda cuenta que de Ampelo, una vez muerto por un toro, brotaron racimos de uva. De cualquiera de las dos formas, la Ampelografía, que es la ciencia que estudia las variedades de vid y sus características, debe su nombre muy posiblemente a este personaje mitológico griego.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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