Sábado 30 de noviembre de 2013

Momentos. Sólo existen momentos.

Poder abrir nuestra mente y librarnos de prejuicios y conceptos pre-establecidos por el mercado, es vital para comprender y analizar el siguiente ensayo, donde nos plantearemos qué es el vino en realidad: si se trata de aquella bebida que acompañó la cultura de la humanidad desde sus comienzos, o si se trata de esa ciencia cuasi-ocultista y elitista que algunos de sus actuales actores pretender imponer, donde más que acercar a las personas a su consumo, las alejan.

¿Usted escuchó alguna vez a dos personas sentadas en un restaurant decir: "pedí la cerveza vos, yo no entiendo nada de cerveza"? Suena raro, ¿no?. Si alguien quiere tomar una cerveza, pide una cerveza y listo. Pusimos esa bebida como ejemplo, podría ser otra. ¿Pero cuantas veces escuchamos la famosa frase "No, yo de vino no entiendo nada, tomemos otra cosa"?. Y claro, es lógico que la mayoría de las personas que no frecuenten el vino piensen así.

Es lógico con tanto ser humano que anda predicando "saber de vino", hablando con términos extraños, y poniendo medallitas en las botellas. Y es lógico porque abren una carta de vinos y se encuentran con decenas de cepas diferentes, todo un abanico de valores (desde lo accesible hasta lo irrisorio), zonas de producción, y otras yerbas. ¿Cuál elegir? Ni le cuento si encima de eso aparece el sommelier con recomendaciones estrafalarias. Todo se conjuga para dar como resultado el arte de complicar lo sencillo: tomar un vino.

Y lamentablemente, aunque no se lo propongan, aunque su intención sea otra, alejan al consumidor del vino. Lo alejan de una bebida magnífica, ideal para acompañar las comidas, de baja graduación alcohólica, de multiplicidad de sabores y aromas. Y una fiel prueba de esto son las estadísticas mundiales, donde la mayoría de los países del viejo y nuevo mundo luchan para volver a los niveles de consumo per cápita de antaño.

Y eso no implica específicamente que los problemas relacionados con el alcohol, sobre todo en la juventud, hayan decrecido, sino más bien todo lo contrario. Dos ejemplos bien marcados son España y Francia, que batallan para intentar reeducar a los consumidores. En Argentina se le dio un empujón hacia adelante muy interesante al tema, al declarar por ley el vino como bebida nacional. Por supuesto, eso va a servir siempre y cuando las políticas planteadas se sostengan en el tiempo y sean útiles.

Que la realidad económica del país no ayuda a las bodegas locales a ser competitivas es absolutamente cierto y demostrable, pero no es ese el contexto a tratar, ya que la baja en el consumo no afecta a un sector de bodegas en especial, sino a todas por igual. Claramente, lo que aquí se plantea no pretende desalentar el interés, cada vez más creciente, de las personas por querer aprender de vinos, realizar cursos, asistir a degustaciones, convenciones, ferias, etc.

No, todo lo contrario. Justamente, debemos saber aprovechar el momento e incentivarlo. Pero con coherencia, con cordura, con sentido común. ¿Nos preguntamos alguna vez qué entienden los consumidores por "saber de vinos"? ¿Saben los consumidores que nadie, en absoluto, puede decirles si un vino será rico para ellos o si no lo será? ¿Les hicimos creer a los consumidores que el que no huela los "frutos rojos" o la "vainilla" no puede tomarse un vino tranquilamente?

Al consumidor le hablamos de Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, y etc. Le hablamos de zonas, sub-zonas, terruños, fincas, y parcelas. Le hablamos de marcas ultra-reconocidas, de bodegas "boutique", y de bodegas medianas. Pero después, por poner un caso extremo, en una degustación a ciegas con copas oscuras, cuesta que distingan un tinto joven de un blanco con paso por barricas. Y ahí se desmorona el castillo de naipes.

"A mi me gusta el Malbec", se puede escuchar por allí. ¿Pero qué Malbec? ¿Uno de zona cálida, uno de zona fría, o uno con mayor cercanía al mar? ¿De uvas cosechadas tempranas, a punto, o sobre-maduras? ¿De altos o bajos rendimientos? ¿Con mucho, medio, o bajo periodo de maceración? Ni hablar de los diferentes tiempos de paso por barricas, o no; y de la estiba prolongada en botella, o no. Le puedo asegurar que todas esas variables, entre muchas otras, otorgan diferentes tipos de vinos.

Y entonces, ¿cuál Malbec es el que le gusta? O mejor aún, ¿comprobó en una degustación a ciegas entre diferentes cepas cuál es la que le gusta más? Ojo, porque sin ver la etiqueta se puede llevar una sorpresa. Como siempre decimos, en Argentina se hacen excelentes vinos, y no sólo de la cepa Malbec. Es más, los vinos desarrollados para largos periodos de guarda (en general los más caros), tienen una alta participación de otras cepas, como la Cabernet Sauvignon, por su estructura genética apta para el añejamiento prolongado.

Lo descripto para las cepas, también es aplicable a todas las variables del vino: las zonas de producción, los precios, las marcas, etc. No existen cepas, ni terruños, ni marcas, ni estilos de vino que determinen si un vino es grandioso o no lo es. Existen momentos. Sólo momentos. Un momento en el cual ese vino le parecerá increíble, por el vino en sí, por el contexto, por la comida, por su estado de ánimo. Un momento único e irrepetible. Posiblemente, vuelva a tomar ese idéntico vino en otra ocasión, y no podrá creer que sea aquel mismo que tanto le gustó antes. O viceversa.

Esto no implica que dé todo lo mismo. Exactamente lo opuesto. Implica que cuanto más Usted pruebe y deguste (siempre con medida, obvio), más sabrá, y más entenderá. Cuanto más se interese por leer de vinos, participar en cursos y degustaciones serias, más aprenderá. Y así adquirirá las bases sólidas para comprender todo lo relacionado al mundo vitivinícola. Pero esa no es una condición indispensable para disfrutar de un vino. Ni siquiera es una condición. Ni para ir sin miedo a una vinoteca y decir "quiero ese". Ni tampoco para sentarse en un restaurant y pedir tal o cual vino, aunque en teoría "no maride (sic)" con esa comida.

Para ponerle un matiz a todo lo anterior, debemos también aceptar que hay vinos muy buenos, y hasta excelentes, que suelen resultarles agradables a la mayoría de las personas en numerosas situaciones, así como del mismo modo existen ejemplares que son soportados por muy pocos paladares. Pero son las excepciones polares que marcan la regla. Luego de haber participado y dirigido durante muchos años catas a ciegas, se puede contar con el bagaje de testimonios (tanto de "novatos" como de "expertos") de sobra para avalar lo argumentado.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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