Sábado 08 de diciembre de 2012

Estos geniales vinos son asunto de mujeres

Usted y nosotros hemos recorrido juntos muchos viñedos y hemos visitado muchas bodegas, pero la que vamos a conocer hoy tiene un detalle muy particular: sus dueñas y directoras son dos mujeres. Nos vamos hasta Luján de Cuyo, Mendoza, para ingresar en el mundo de Bodega Enosur y de sus vinos Tierra Prometida, propiedad de la argentina Mónica López y la francesa Jacqueline Tytgat. En una cordial entrevista que mantuvimos con Mónica, nos contó los detalles de este exitoso emprendimiento.

Impulsadas por su pasado familiar relacionado con la gastronomía, comenzaron su actividad creando una compañía para comercializar vinos argentinos. Unos años después, en 2004, se encontraban ya elaborando sus propios vinos. La conjunción de Jacqueline Tytgat con la enología comienza en Francia, donde sus parientes poseen un restaurant; en tanto que Mónica López desciende de productores vitivinícolas de la provincia de Salta.

Ellas decidieron unir sus sueños y su pasión por el vino, y compraron algunas hectáreas de viñedos en Luján de Cuyo y en el Valle de Uco, donde se encontraban plantadas cepas Malbec y Bonarda con una antigüedad de entre 20 y 90 años. Terminaron de conformar el equipo sumando como enólogos nada más ni nada menos que a los hermanos Pablo y Héctor Durigutti, reconocidos por su experiencia con el trabajo del Malbec.

La Bodega Enosur se enfoca en el cuidado de la uvas, realizando los tratamientos de campo sin el uso de pesticidas, entregando a cada planta el balance óptimo para la fructificación, y haciendo las cosechas en forma manual. La líneas que se vinifican son tres: Tierra Prometida Clásico Malbec, Tierra Prometida Clásico Bonarda, y Tierra Prometida Reserva Malbec. Además, Mónica nos adelantó que están lanzando al mercado una nueva etiqueta: Sol Eterno Malbec. El 70 % de la producción total se exporta a distintos mercados del mundo. Este es el detalle de sus vinos:

Tierra Prometida Clásico Malbec: 100% Malbec proveniente de viñedos de 60 y 70 años de edad. Posee una maceración en frío durante 5 días a 6 grados, fermentación alcohólica con levaduras indígenas durante 25 días, fermentación maloláctica, y crianza del 30% del vino en barricas de roble francés durante 12 meses. Sin filtrar. De profundo color rojo rubí con reflejos púrpura. Aromas que recuerdan a fruta roja fresca, moras maduras. Taninos dulces y redondos, buena acidez y excelente equilibrio. Es el típico malbec argentino.

Tierra Prometida Clásico Bonarda: Un 100 % Bonarda muy jugoso y rico. Cosechado en forma manual en la primer quincena de marzo. Completa su ciclo de fermentación en barricas roble francés y americano de primer uso. No se somete a filtrado. Crianza posterior de 12 meses también en roble francés y americano de primer uso. Posee un intenso color rojo violáceo. En nariz recuerda a fruta roja madura, notas a mermelada, especias y ahumados. Taninos suaves y dulces, buena acidez. Armonioso.

Tierra Prometida Reserva Malbec: El vino top de la bodega. 100 % Malbec de viñedos de bajos rendimientos que tienen entre 70 y 90 años de edad. Cosechado tarde, ya entrada la primer quincena de abril, en forma manual. Maceración en frío durante 10 días para extraer compuestos aromáticos, fermentación tradicional, y posterior crianza en roble francés durante 14 meses. Es embotellado sin filtrar. Se producen sólo 15,000 botellas al año. Posee un color rojo rubí con profundos reflejos violáceos. Aromas a fruta roja, ciruelas, vainilla y chocolate. Taninos dulces, redondos, intensos. Largo y persistente final.

Cuando estábamos terminando la conversación, como dato anecdótico, Mónica López nos confesó que además de la viticultura, su otra pasión es la música, ya que es cantante; y después de haber escuchado alguno de sus tangos, le puedo asegurar que es muy buena (puede visitar www.monicalopez.com.ar). Y es que no es para sorprenderse: todas las personas íntimamente ligadas al mundo del vino tienen algo de artistas, de hedonistas, de poetas. Esto se debe a que no se trata de una bebida más para tomar con el codo en una barra o bajo el sol, sino de algo que nos invita a degustar, a pensar, a sentir, a compartir en armonía, en fin: a disfrutar. Pero no se confunda, para alcanzar todo eso no es necesario "saber de vinos", sino a la inversa: el hecho de lograr esa plenitud, es "saber de vinos".

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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