Miércoles 11 de noviembre de 2020

Ancellotta, la uva italiana que se instaló en Argentina

Felizmente el abanico de variedades de uvas de alta calidad enológica se sigue extendiendo en el país, dándole al consumidor la posibilidad de probar vinos nuevos y diferentes, y al productor la posibilidad de innovar y crear, como en el caso de la cepa que veremos en esta nota.

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La ancellotta es una variedad de uva típicamente italiana, muy difundida y utilizada en la región de Emilia-Romagna, al norte del país, donde tiene importante relevancia integrando vinos de corte junto con los cepajes sangiovese y lambrusco, homónimos de esta última y levemente dulces, además de ser usada en distintas zonas vitivinícolas de Italia. Poco se sabe acerca de su verdadero origen, siendo también conocida como “Lancellotta”.

Fuera de Italia se encuentra cultivada en el sur de Suiza, en Moldavia, en distintas zonas de Argentina (donde la superficie plantada se multiplicó aproximadamente diez veces en los últimos cinco años, siendo aprobada por el Instituto Nacional de Vitivinicultura para la elaboración de vinos de calidad), y en la región brasileña de Campos de Cima da Serra (al sur del Estado de Río Grande del Sur), entre otros países con menor participación alrededor del mundo.

Sus características ampelográficas son: racimo mediano, piramidal con ala, generalmente suelto, con granos chicos esferoides, hollejo azul-negro, pruinoso, y pulpa jugosa de sabor neutro. Su principal virtud es la alta concentración de antocianos, polifenoles responsables del color. Entonces, sus hollejos aportan buena cantidad cromática en los cortes. Además de lo anterior, si el clima es el adecuado durante la maduración y se la maneja correctamente en el viñedo, logra en los vinos buena composición de aromas de frutos rojos y especias, junto con un paladar intenso y ancho.

Fundamentalmente las cualidades en general de los vinos obtenidos en forma correcta de ancellotta son: colores oscuros y profundos, brillante, expresivo, olores muy frutales, moderada acidez, astringencia media a moderada, textura muy placentera, y un tinte “dulzón” (aunque se trate de un vino seco), lo que redunda en un producto “muy bebible” y agradable en diferentes situaciones y comidas.

Si bien es cierto que en Argentina la ancellotta está presente desde hace muchos años, siempre se la usaba para aportar color a los cortes tintos, ya que puede brindar dos veces más color que, por ejemplo, la malbec. Actualmente, también se la piensa como una uva muy apta para vinos de crianza y diagramados para madurar en el tiempo, con la consecuente mejora cualitativa esperada con la guarda en botella.

Su maduración medianamente temprana favorece que no se vea afectada por las heladas también llamadas “tempranas”. Dichas heladas, que se dan en el periodo otoñal, en caso de encontrarse el fruto en la planta, el perjuicio podría ser: disecado de las hojas, rotura de uvas (con el consiguiente ingreso a las mismas de microorganismos), caída prematura de hojas, necrosis de las zonas vasculares, e incluso daño en las futuras yemas. La previsión de una helada temprana, suele hacer modificar el día elegido de cosecha, con el fin de anticiparse a la misma.

Si la helada se produce en la primavera (llamadas heladas tardías), los efectos pueden ser: daño en las yemas que están brotando, daño en los tallos jóvenes, congelación de órganos herbáceos, debilitamiento de la actividad funcional, disminución de la actividad fotosintética y destrucción de inflorescencias. En esta situación, la planta está comenzando su actividad anual, y el impacto de una helada tardía fuerte, puede ser letal.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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