Lunes 06 de abril de 2020

Influencia de vientos fuertes en el viñedo

Así como las brisas son siempre buscadas y bienvenidas en los viñedos por varios motivos (entre ellos evitar un exceso de humedad, favorecer la polinización y la producción de ciertos polifenoles), los fuertes y constantes vientos, y más aún sin son cálidos, no son deseables en la misma medida. En esta nota veremos porqué.

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El viento influye en las plantas en general de diversos modos, acorde a su dirección, duración, temperatura, velocidad y momento de ocurrencia. Así, se ven condicionados el crecimiento, el desarrollo, la vida útil, el rendimiento y la sanidad, entre otros factores. Esto varía de un cultivo a otro, y en el caso de las vides, de una variedad a otra, dependiendo de la resistencia natural de cada cepa a esta inclemencia climática.

Es justamente para evitar vientos excesivos en los viñedos, que en muchos de ellos se plantan barreras naturales, que después incluso dan lugar al nombre del propio vino resultante, como por ejemplo “álamos”, “árboles”, etcétera. Dichas barreras naturales impiden que el viento castigue de lleno al viñedo, formando un filtro natural y sirviendo de protección, en los casos donde las vides se encuentran plantadas a merced de ese tipo de fenómeno.

Los efectos causados por el viento pueden categorizarse de distintos modos. Existen los llamados efectos directos, que incluyen el movimiento de la planta, daño en las hojas, daño y pérdida de frutos, rotura de ramas y pérdida de flores previo al cuaje. Aquí puede observarse un daño producido por la fricción o agitación entre las vides o entre la misma vid, con la consecuente pérdida foliar y/o frutal, lo que puede verse atenuado en cierta medida con el uso de las mallas antigranizo o media sombra, que mantiene a la planta más “atrapada” o en “sándwich”.

En el caso de las hojas, esto afectará la fotosíntesis y la tasa diagramada para la misma, al no disponer del área foliar prevista por racimo, ya sea por pérdida o destrucción parcial. Esto tiene también cierto paralelismo con los efectos indirectos, como ser el arrastre de distintas partículas del mismo suelo, que al impactar en las hojas pueden dañarlas, o en caso de quedar adheridas, funcionar como “tapón” en el intercambio gaseoso.

Por supuesto, el ciclo reproductivo y fructífero se ve alterado por el factor viento, redundando en estructuras más pequeñas y de menor número, o sea, un menor rendimiento por planta y por hectárea, afectando los distintos ciclos de la vid, como la floración, el cuaje y la maduración. Lo anterior se puede dar entre viñedos, entre plantas, entre racimos, o entre las uvas de un mismo racimo, dependiendo de la inclemencia.

En Argentina, por ejemplo, es muy famoso el caso del viento Zonda, y su efecto Foehn, que se trata de un “efecto que se produce en relieves montañosos cuando una masa de aire cálido y húmedo es forzada a ascender para salvar ese obstáculo. Esto hace que el vapor de agua se enfríe y sufra un proceso de condensación o sublimación inversa precipitándose en las laderas de barlovento donde se forman nubes y lluvias orográficas.”

“Cuando esto ocurre, existe un fuerte contraste climático entre dichas laderas, con una gran humedad y lluvias en las de barlovento, y las de sotavento en las que el tiempo está despejado y la temperatura aumenta por el proceso de compresión adiabática (ya que no intercambia calor con su entorno). Este proceso está motivado porque el aire ya seco y cálido desciende rápidamente por la ladera, calentándose a medida que aumenta la presión al descender y con una humedad sumamente escasa. El efecto Foehn es el proceso descrito en las laderas de sotavento y resulta ser un viento secante y muy caliente.”

Si aparece un Zonda importante durante la floración de la vid, el viento cierra los pistilos de la planta no permitiendo el ingreso del polen; esto provocará una vid sin granos de uva. A este fenómeno se lo denomina “infructificación”. Y es debido a que la floración está condicionada por la temperatura y la humedad: los bajos niveles de humedad relativa alcanzados pueden provocar la deshidratación del estigma transformando el pistilo en no receptivo al polen, donde además temperaturas superiores a 30 grados centígrados dan lugar a crecimientos irregulares.

También se ven afectados los insectos polinizadores por culpa de vientos fuertes, mermando el rendimiento, puesto que la mayoría de los frutales son de polinización entomófila (por insectos), por lo que se convierte en un elemento fundamental en la calidad y producción de frutos. Ello da lugar, en parte, al llamado “corrimiento” de la uva, que es básicamente una mala fecundación de algunas flores de la inflorescencia, por lo que esta no puede cuajar y por ende no forma bayas. Lo que pasa entonces es que quedan partes del racimo solo con la flor y sin bayas, o que dichas bayas maduran en forma muy dispar.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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