Lunes 17 de septiembre de 2018

¿Qué es la copa AFNOR de cata?

Para que todos los vinos sean evaluados “en la misma cancha”, más allá de la gigantesca cantidad de modelos de copas que existen, se creó una en particular para fomentar la paridad a la hora de catar los distintos vinos. En esta nota, analizamos la copa AFNOR.

El origen de la copa de vino y el porqué de su distintas formas

La copa se llama AFNOR internacionalmente porque responde a las siglas de la “Association Française de Normalisation”, miembro de la Organización Internacional para la Estandarización. Justamente, lo perseguido con la creación de esta copa, fue la estandarización del recipiente por excelencia para catar un vino (sea del tipo o estilo que fuese). Esto hace que, tanto en un concurso, como en una cata privada, como en un evento meramente lúdico, los vinos se analicen de la misma forma.

Esta idéntica copa es la aceptada oficialmente por la Organización Internacional de la Viña y el Vino desde 2009, con base en la normativa ISO 3591:1977 de ese año, llamada “Sensory analysis -- Apparatus – Wine tasting glass”.

Las características y particularidades de la copa AFNOR, son las siguientes:

– Altura total de la copa: 155 mm (±5)

– Altura del cáliz: 100 mm (±2)

– Altura del tallo y la base: 55 mm (±3)

– Diámetro del borde: 46 mm (±2)

– Diámetro del horizonte del cáliz: 65 mm (±2)

– Diámetro de la base: 65 mm (±5)

– Capacidad total de la copa: 215 mm (±10)

– Volumen de degustación (al Ecuador de la copa): 50 ml

– Grosor del cristal: 0,8 mm (±0,1)

– Grosor del tallo: 9 mm (±1)

– Realizada en cristal transparente incoloro con un porcentaje de plomo de entre el 9 y el 12 %.

Como se observa, la copa tiene la tendencia a formar una especia de “tulipán”, con la finalidad de concentrar los olores del vino, favoreciendo que permanezcan por más tiempo dentro del recipiente.

La base es lo suficientemente segura como para que la copa no corra ningún riego de falta de estabilidad.

El tallo tiene una altura para que la copa pueda ser agarrada desde allí sin calentar el vino con la transmisión del calor de la mano.

La suma de las cualidades de la base, el tallo, y el cáliz, hacen que la copa pueda ser movida en círculos para oxigenar el vino y permitir una apertura aromática.

El cristal (en lugar del vidrio) facilita observar sin ningún tipo de interferencia el color del vino.

En cuanto a las recomendaciones para su correcto uso, se aconseja (como óptimo) utilizar una distinta para cada vino, o en su defecto “envinar” o enjuagar la copa entre una muestra y otra, con el mismo vino que se catará a continuación, para luego sí servirlo.

Por supuesto, la copa debe estar totalmente limpia, sin olores ajenos en su interior, y sin marcas ni huellas de dedos.

Su almacenamiento debe ser siempre al resguardo del polvillo y olores invasivos.

El llenado de las mismas debe ser hasta el horizonte o Ecuador, para permitir oxigenar el vino sin que se salga o desborde de la copa.

Se debe resaltar que la copa cumple un papel fundamental en el análisis del vino, considerando que es el último paso del mismo antes de ingresar a la abertura corporal por excelencia donde se cata: la cavidad bucal.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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