Lunes 21 de marzo de 2016

“Mozo, una lata de ácido fosfórico para el pibe”

En este excelente artículo, el Profesor e Ingeniero Agrónomo Adrián Rodolfo Vilaplana, plantea un análisis de la modificación de las costumbres entorno al vino, las cuales equívocamente le hicieron ganar espacio a bebidas supuestamente inofensivas.

“Es probable que muchos de los lectores con más de cuarenta se sientan identificados con estas líneas. También posiblemente recuerden haber consumido pequeñas cantidades de vino en la mesa cuando eran niños.

Recuerdo a mis padres y a mi abuelo almorzando y consumiendo el infaltable vino con soda de los años 60 y 70. El vino se consumía de otra forma, era todo vino común y se le ponía soda. Épocas en las que la influencia de las gaseosas y las cervezas era casi nula y la mesa se vestía con la botella de litro o litro y medio y el infaltable sifón. Las comidas eran en familia, todos nos sentábamos en la mesa y los chicos tomábamos soda pero con unas pocas gotas de vino, de la misma forma que los adultos lo habían hecho cuando eran niños.

Esas pequeñas dosis casi homeopáticas eran las que nos fueron formando la preferencia por esa noble bebida. Hoy le agradezco a mi padre el haberme permitido probar esas gotitas dispersas en agua gasificada. No soy un gran bebedor pero disfruto y aprecio la personalidad de un buen vino. El vino es hoy mucho más que mi trabajo, es también mi hobbie, una fuente de placer y es la herramienta que me permitió encontrar grandes e incondicionales amigos. También es el motivo de juego de Dalmiro, mi hijo que juega a hacer vino como su papá.

Pero las cosas cambiaron, los vinos son diferentes, seguramente mejores. La sobremesa y la reunión familiar al almuerzo o la cena casi no existen y la nutrida información que llega a los padres acerca del consumo excesivo de alcohol y el bombardeo publicitario de otras bebidas, en teoría menos dañinas, han cambiado nuestros hábitos. Lo lamento, Dalmiro, pero no probarás la soda teñida con gotas de vino hasta dentro de unos cuantos años.

Tendrás que conformarte con jugo de manzana. Eso sí, es probable que consumas igual o mayor contenido de alcohol etílico que con las gotitas de vino, ya que el Código Alimentario autoriza hasta un 0,5 % de alcohol en los jugos de manzana. Por suerte las gaseosas forman parte de tu dieta solo en forma esporádica.

Luego de comprobar en qué estado de excitación se ponen los niños después de beber las gaseosas colas se me ocurrió investigar un poco acerca de la fórmula de esas bebidas sintéticas. Encontré que una lata de gaseosa cola contiene la misma cantidad de cafeína que un pocillo de café. Entre otros componentes se menciona hojas de coca “descocainizada”, ácido fosfórico (ahora entiendo el poder desoxidante), esencias y empalagantes cantidades de azúcar.

¡Qué sociedad increíble! Tildamos de irresponsable a quien ofrezca soda con unas gotas de vino a su hijo, sin embargo nadie condena a quien le ofrece gaseosas y jugos muchas veces sintéticos. Del vino conocemos el establecimiento donde se elabora, el viñedo de donde proviene, las variedades de uva y hasta podemos conocer al enólogo responsable de su elaboración. ¿Qué conocemos de las gaseosas? En realidad muy poco, salvo que tienen una gran penetración en el mercado gracias a un marketing agresivo.

Sabemos que tienen componentes sintéticos y colorantes y que la fórmula de la Coca Cola fue uno de los secretos mejor guardados del mundo. Por otra parte intuyo, aunque no conozco demasiados datos, que los problemas de alcoholismo juvenil no son menores ahora que no podemos teñir la soda de vino. Estoy seguro que estas líneas van a generar polémica, esa es la idea. La batalla continúa siendo ganada por las bebidas sintéticas que se imponen con un desigual poder de marketing. Que no nos laven el cerebro.”

Ing. Agr. Adrián Vilaplana.


Si bien el artículo del Ingeniero Vilaplana es elocuente, no necesita ningún tipo de agregado y habla por sí sólo, me permito hacer una pequeña reflexión final: en los tradicionales países productores de vino, el consumo del mismo está decreciendo hace varios años. Paralelamente, no sólo no se están manteniendo, sino que están aumentando los problemas de adicciones relacionados con el alcohol y la venta de otro tipo de bebidas alcohólicas. Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino, y la Organización Mundial de la Salud…nuestro país, se incluye allí.

Claramente, y si Usted es un asiduo lector lo sabrá, no es la intención de este medio hacer una apología del alcoholismo, sino todo lo contrario: el vino (en su justa medida -siempre lo repetimos y lo repetiremos-) es cultura, es historia, es trabajo, es pasión, es un arte. El vino no se presta a ser bebido con el torso desnudo por la calle o con el codo apoyado en una barra. Creo ser claro en este punto. El vino encuentra un mejor marco en la mesa familiar, en la reunión de amigos, en la cena romántica. El vino, señoras y señores, es nuestra Bebida Nacional.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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