Sábado 16 de agosto de 2014

Tengo que regalar un vino, ¿cuál compro?

Muchas veces podemos llegar a ver a alguna persona parada ante la góndola de vinos mirando absorta, de arriba a abajo y de derecha a izquierda, agarrando una botella, leyendo la etiqueta, dejándola, y agarrando la de al lado. Y hasta si prestamos atención, tal vez escuchar susurrar "¿cuál de todas elijo?"

En determinadas oportunidades, el simple acto de ir a comprar un vino, se torna una tarea muy difícil, hasta una encrucijada para algunos. En una cena o reunión, nunca falta el que con tal de no tener que sufrir con la elección del vino, prefiere preparar el postre. Esto no sólo no debería ser así, sino que todo lo contrario. Por eso, con la intención de brindar un pequeño auxilio que transforme esa casi misión imposible en algo placentero, compartimos con nuestros lectores algunos tips de ayuda.

Primero y principal, sobre gustos no hay nada escrito, y menos en el mundo del vino. Esto ya lo repetimos infinidad de veces, pero vale la pena recordarlo. Uno puede estar muy convencido que un vino es riquísimo, y por ese motivo elegirlo como opción para regalo de cumpleaños de una persona, sea amigo, familiar, jefe o conocido. Pero a esa persona puede no gustarle. Por eso es importante priorizar los gustos del que va a recibir el regalo por sobre los gustos del que lo va a regalar.

Y siguiendo con el ejemplo de un regalo, podríamos decir que si el agasajado es una persona que recién se inicia en el vino, o que toma sólo muy a menudo, conviene regalarle un vino no muy complejo, uno de los llamados "vinos jóvenes". Por dos motivos: el primero, es que se debe ir de menor a mayor, conociendo en principio los vinos que no sean reservas o grandes reservas, sino aquellos más amables, sencillos, simples o "fáciles de beber" (que no significa en absoluto que no sean buenos vinos).

El segundo, es que justamente por las características de la persona del ejemplo, no va a poder o saber disfrutar del producto en su plenitud y hasta tal vez el vino le resulte "pesado o denso", con lo cual es lo mismo que nada, es regalar por regalar. Si en cambio se trata de alguien que bebe vino seguido o que "algo conoce" del tema, debemos afinar la puntería y saber si le gustan los tintos, los blancos, los dulces, o los espumantes, y si los prefiere jóvenes o añejos.

En caso de tener noción de lo anterior, y de no saber nada de vinos, apuntarle a la gama media de las bodegas más conocidas es una buena posibilidad. Pero de no conocer qué tipo de bebida prefiere la persona en cuestión, la elección de un vino tinto nos lleva más a lo seguro. ¿En qué precio? Y, depende de lo que queramos gastar. No siempre cuanto más caro mejor. Hay vinos caros no tan buenos, y hay vinos baratos excelentes. En este punto no queda otra que prueba y error.

Posiblemente si estamos en una vinoteca, el dueño o el sommelier nos ayuden en nuestra decisión, pero siempre aplicando sus gustos u opiniones. Para saber de vinos, hay que tomar vino, no hay muchas opciones. Y atención: no hay que guiarse por las etiquetas lindas, la etiqueta no se toma, se toma el vino. Tampoco es verdad que a las mujeres les gustan los blancos y a los hombres el tinto, es una gran mentira. Es una mentira como esa que dice que los espumantes se toman sólo en Navidad.

Se debe hacer un párrafo aparte para el caso de las bodegas que no son tan conocidas. Existen aquí aquellos que dicen que las bodegas "Boutique" son las mejores, porque su producción es pequeña y muy cuidada. También existen los que aseguran que como no son una gran bodega, muchas veces tienen problemas, o su calidad no es contínua. No están en lo cierto ni unos, ni otros. Como en el caso de las grandes bodegas, hay buenas y malas. Prueba y error.

Llegando ya al punto que nuestro agasajado sea un "entendido" en vinos, que le guste tomar a diario, y que se los conozca "de pe a pa", se nos cierra el círculo cada vez más. Aquí, al contrario que en el primer caso, nos conviene apuntar a vinos más complejos, de zonas particulares, de viñedos especiales, o de cepas no tan conocidas. Si la persona es realmente amante del vino, va a saber apreciar nuestro presente, indistintamente si después le gusta o no. Esto último forma parte de la caja de Pandora.

En resumen, comprar un vino para regalar es mucho más sencillo que lo que nos podemos imaginar. Es ir al supermercado o a la vinoteca (preferentemente) y escoger lo que nuestra intuición nos indique acorde al presupuesto que tenemos para gastar. Preguntar "¿qué vino es bueno?" es algo sin sentido, porque eso indicaría que todos los demás vinos son malos, y nadie se pondría a vender algo que no recomendaría. Y ojo con las recomendaciones, que a veces nos pueden indicar lo más caro, en vez de lo mejor.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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