Lunes 14 de septiembre de 2015

De los distintos tapones utilizados en el vino…¿cuál es el mejor?

En esta oportunidad daremos un vistazo a los principales tapones utilizados en la industria del vino, repasando las cualidades de cada uno. ¿Existe un cierre ideal, o cada uno se adapta a circunstancias particulares?

¿Qué es la enfermedad del corcho o TCA?

Obviamente, el “rey” de los tapones del vino, es el corcho de alcornoque, utilizado desde 1670 ininterrumpidamente con gran éxito. Pero en las últimas décadas surgieron diferentes alternativas, nacidas en realidad desde la intención de reducir costos, ya que los otros tapones que vamos a describir, son más económicos para las bodegas que el corcho. Inclusive, dentro del reinado del corcho, también hay variantes. Veamos.

Screw-Cap o tapa a rosca: Hace unos años, las botellas que tenían ese tipo de cierre, eran consideradas ya a primera vista, como de inferior nivel. En estos días el asunto cambió. Muchos vinos blancos de calidad de todo el mundo, y varios buenos tintos destinados a su temprano consumo, se volcaron por la tapa a rosca. Australia, Nueva Zelanda e Inglaterra, por ejemplo, son países en los que los consumidores tienen gran aceptación por las Screw-Cap.

Por supuesto, este tipo de cierre se abre sin necesidad de utilizar un sacacorchos ni ningún otro tipo de instrumento. Es un tapón totalmente hermético y económico, pero es justamente esa total hermeticidad la que lo aleja de los vinos destinados a ciertos periodos de guarda, encubriendo el peligro de la formación de mercaptanos, que son aromas desagradables descriptos como “huevo podrido”, “trapo mojado”, etcétera.

Tapón sintético: Es el cierre creado para intentar simular las cualidades del corcho, y es el que más se le asemeja. Posee diversos formatos, colores y dibujos. El principal “speech” de venta de este producto, es la ausencia de TCA en el vino, lo cual no es correcto y lo explicamos en profundidad en la nota relacionada a la presente. Como ya mencionamos, estos tapones también son más económicos que el corcho. Y se debe destacar que no son biodegradables.

Encontrándose en el polo opuesto a la tapa a rosca, este cierre puede llegar a permitir un mayor intercambio de oxígeno con el exterior, acrecentando los problemas de oxidación a largo plazo, motivo por el cual no se utiliza en vinos de guarda. En cambio, para los blancos, rosados, y tintos con un consumo recomendado dentro de los 5 años de cosecha, es un tipo de cierre muy adecuado, que no presentaría mayores inconvenientes.

De hecho, esta clase de polímero, no le transmite ningún tipo de gusto desagradable al vino, no se quiebra ni genera polvillo, son muy uniformes entre sí, no hace falta su contacto con el líquido para mantenerlo humectado, y posee alta resistencia. Claramente, la industria de los tapones sintéticos está en constante avance y estudio, generando mejores resultados conforme transcurren los años y las experiencias.

Corcho: Es el cierre por excelencia del vino. Se usa en aproximadamente el 75% de las botellas del mundo, y hay ejemplos que han durado más de 30 años con éxito cumpliendo su función. Aquellos ejemplares destinados a periodos largos o muy largos de guarda, lo requieren inexorablemente. Es ligero, elástico y resistente. Es un elemento proveniente de la naturaleza, al que se le han podido crear distintas imitaciones, pero no igualarlo.

Por sus medidas, los corchos pueden ser cortos (desde 25 mm hasta 49 mm), o largos, para vinos de prolongada guarda (desde 50 mm hasta 55 mm). Por su calidad, estructura y densidad, pueden ser de categoría top, media, comercial o económica. En tanto que por su composición, se dividen en corchos "de una sola pieza" (tapón entero que se extrae del árbol y puede llegar a recibir un proceso de colmatado en caso de presentar grietas), "aglomerado" (fabricado sobre la base del corcho molido y prensado que sobró de los anteriores), y "mixto o 1 + 1" (una mezcla o unión de los dos primeros).

Algunas de sus características son que tiene en contacto con el cuello de la botella cerca de 35 millones de microventosas o alvéolos, se comprime con facilidad, no es contaminante ni tóxico, no le transmite gustos desagradables al vino (salvo el caso del TCA, que no es exclusivo del corcho), es impermeable, para su obtención no se mata el árbol, ya que sólo se quita la corteza, y, siempre que se trate de un corcho de calidad, garantiza la óptima conservación y evolución del vino dentro de la botella.

Si bien hace algunos años era prácticamente la única opción de taponado, actualmente se está acotando lentamente a los vinos de gama media y alta, y a los destinados a guarda. Es por esto y lo descripto anteriormente, que podemos observar que cada cierre es óptimo dependiendo del vino que se trate, siendo la tapa a rosca, el tapón sintético y el corcho, los materiales indicados acorde al tipo de producto que estén destinados a proteger.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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