Lunes 04 de mayo de 2015

Los primeros vinos del mundo

La relación de la humanidad con el vino data de tiempos inmemorables. Esta bebida, partícipe en la cultura de todos los continentes, posee un sitial de honor que comenzó a forjarse con los primeros pasos del hombre civilizado.

El vino y la mitología. Cuando los dioses se fueron de copas

El vino en sí mismo, existe desde antes que el hombre. De hecho, previamente a que el ser humano habitara la tierra, existían las plantas de vid. Si las condiciones se daban, sus frutos maduros podían llegar a caer al suelo y formar “charcos” de mosto, que bajo las circunstancias adecuadas, comenzaban un proceso de fermentación, resultando en un líquido alcohólico. O sea, vino. Las evidencias arqueológicas y científicas así lo aseguran.

Se estima que los primeros vinos del mundo, con el hombre ya presente, se obtuvieron por casualidad, al almacenarse las uvas luego de la cosecha y, producto de la elevación de las temperaturas en primavera, verse casualmente sometidas a una fermentación. Lógicamente, cuando los eventuales descubridores de este “nuevo” líquido probaron sus sabores, comenzó su camino imparable a transformarse en, tal vez, la bebida predilecta de la humanidad.

Un ejemplo de esto, es la famosa y vieja leyenda persa que cuenta que en el año 4.000 antes de Cristo, un ave que surcaba el cielo dejó caer unas semillas a los pies del rey y semi-dios Djemchid. Al tiempo, de esas semillas comenzaron a crecer unas plantas que dieron abundantes frutos (uvas), los cuales fueron recolectados y guardados en el depósito real. Estando allí adentro, las uvas desataron su fermentación natural, despidiendo el dióxido de carbono producido por la misma y llenando el depósito con su característico aroma.

Cuando la esposa favorita del rey, como consecuencia de sus celos hacia otra mujer, buscó veneno para suicidarse, llegó hasta el lugar donde fermentaba el oscuro jugo de las uvas. Pensando que era una poción, la bebió con la intención de matarse. Momentos después, fue hallada danzando y cantando alegremente, por supuesto, bajo los efectos de lo que había tomado. El rey llamó a esa bebida con el nombre de Darou é Shah, que significa "el remedio del Rey". De la deformación de esa palabra deriva el nombre de Shiraz, o Syrah, cepaje proveniente de la antigua región de Persia. Decían los persas, que allí nació el vino.

Pero se poseen evidencias arqueológicas que demuestran que el vino realizado por manos humanas es inclusive mucho más antiguo que la leyenda persa: acorde a las pruebas de carbono 14 y sedimentos de ácido tartárico (característico y principal del vino), se establecen los primeros registros en una fecha cercana a los 8.000 años antes de Cristo, en la cuna de la vitivinicultura, situada en lo que hoy es Armenia, Georgia, Irán, Irak, Turquía y zonas aledañas.

La palabra vino deriva del latín “vinum”, que tuvo su raíz en un antiguo término de un dialecto utilizado en la zona del Cáucaso y Armenia que era “voino”, siendo su definición “bebida intoxicante hecha de uvas”. De allí fue mutando en “oinos” (griego), “woinos” (zona del Egeo), “gvino” (georgiano), “wain” (albisino), hasta llegar a “vinum”, y de allí derivar en la palabra de las lenguas actuales que lo designan.

A medida que el vino se fue propagando de lugar en lugar gracias a las primeras tribus nómades, los diversos pueblos fueron adoptando esta bebida para ritos religiosos y mitológicos. Y fueron indudablemente las religiones unas de las principales responsables de la expansión mundial del vino, ya que lo contaban como indispensable para sus celebraciones, inclusive desde aquellos tempranos tiempos.

Fue así que durante los siguientes miles de años el vino llegó a África, Asia del este, Europa, Oceanía y finalmente a América. La historia egipcia también coloca al vino en un lugar muy importante, puesto que los distintos faraones le daban mucha relevancia, al punto que poseían una “pareja” de dioses que los ayudaban en la vitivinicultura: Osiris dentro de las bodegas, e Isis (diosa de la agricultura) en los viñedos.

Las principales culturas que dieron nacimiento a la humanidad actual contaban al vino entre sus bienes más preciados, tanto religiosa como económicamente. Y como ejemplos podríamos nombrar a los fenicios, hebreos, griegos, romanos, egipcios, babilónicos, etruscos y chinos. A medida que la fama y la popularidad del vino fueron aumentando, dejó de ser un elixir exclusivo de reyes, faraones y ritos religiosos, para transformarse en la bebida más expandida y cultural del planeta.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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