Lunes 14 de diciembre de 2015

Esos vinos nuevos… que no son vinos

En el afán de atraer más consumidores al mundo del vino, y de evitar que se pierdan los que ya están, cierto sector de la industria está apostando, erróneamente a mi entender, a lanzar al mercado nuevos productos que de vino, tienen poco.

El INV controlará las bebidas artificiales a base de vino

Antes de explayarnos, vamos a explicar explícitamente a qué nos referimos: esos “nuevos vinos” lanzados en Argentina que tienen, luego del proceso clásico de producción y previo al envasado, agregado de esencias naturales de diversas frutas como pera, maracuyá, frutos del bosque, etc. La intención es que el consumidor encuentre rápida y claramente los aromas y sabores a estos “aditivos”. Una bodega puntualmente lanzó toda una línea completa del estilo, que encima los caratula como “arte”. Madre mía…al contrario del mundo.

La idea es que el público joven, volcado a la cerveza y a otras bebidas, a priori, más “fáciles”, se acerque al vino. Lo mismo que las mujeres, por eso se crean vinos “para ellas”. Y con esto se supone que se “amplia el mercado del vino”, se “innova”, y se “crean nuevos consumidores de vino”. Por favor, que espanto. ¿Por qué subestiman al consumidor? ¿Consideran que el público joven, por ser joven es tonto? ¿O que a las mujeres le pueden vender cualquier “buzón”?

Teniendo en cuenta lo que está reglamentado por las leyes del Instituto Nacional de Vitivinicultura, estos tipos de bebidas no deberían llamarse vino, ya que no lo son. Se trata de bebidas a base de vino, con agregados como “pequeña dosis de esencias naturales de frutas” (literal). Yo no entiendo cómo pueden decir que ésta es la tendencia mundial, no sé de dónde lo sacan, ni a quién se lo quieren hacer creer. Están distorsionando la industria. Una cosa es innovar, otra cosa es mentir.

Confunden al consumidor, deforman su paladar, y alejan a la gente de lo que realmente es el vino. Bastaría con echar un rápido vistazo a las leyes citadas en el párrafo anterior para darse cuenta que, colocándole a estas bebidas el rótulo de “vino”, hay algo que no está funcionando. No son vino. Además, continuamente aparecen notas en los periódicos donde se habla acerca del fenómeno de las degustaciones, las catas, y de cómo cada vez más gente se interesa por ellas.

Y se hace hincapié en los jóvenes y en las mujeres, que conforman la mayor cantidad del público asistente a esos eventos, que realmente fomentan la cultura del vino, y que no debemos olvidarnos que es nuestra Bebida Nacional. Pero paradójicamente, por otro lado, tenemos que leer o escuchar a los creadores de estos “nuevos vinos” decir que "la tendencia de los vinos frutados se ve en la actitudes del consumidor. Este comportamiento se ve reflejado en los jóvenes, que consumen vinos con aromas frutales, especialmente blancos dulces, con acento frutal y marcada intensidad aromática. Es un nuevo consumidor, que llega al vino por medio de las esencias y sabores de las bebidas alcohólicas suaves, frutales y dulces".

Yo me pregunto: ¿es una broma o es en serio? Solemos leer también en artículos coherentes, que la tendencia en Argentina y muchas otras partes del mundo, es que las mujeres entran a las vinotecas y eligen sus vinos sin miedo, ya que están perfectamente informadas y saben que el vino no es cosa de hombres, ni que hay “vinos para mujeres”. Pero parece que la gente que hace estos “vinos” saborizados no está al tanto de ello, ya que afirman: “El mundo del vino siempre le habló en primer lugar al hombre. Incluso las mujeres se sienten menospreciadas e identifican la categoría del vino como masculina, pero son ellas las que tienen la gran gracia, a diferencia de los varones, de estar dispuestas a probar algo nuevo".

Increíble. La maquinaria de marketing puesta a funcionar a pleno. No habría absolutamente ningún problema con esto, si no le hubiesen puesto el rótulo de “vino”. Cosas así, chocan directamente con la tradición argentina, con el esfuerzo de miles de trabajadores de la industria, de enólogos, de ingenieros, de profesores, de sommeliers, de periodistas…de todos. Y es más, deberían ser los organismos reguladores los primeros en dejar de ser tibios y hacer cumplir la ley (que de por cierto tiene varios grises).

En fin. Lo que deseo resaltar es que no tengo ningún inconveniente con estas bebidas, e incluso algunas de ellas me resultan agradables. Pero no son vino. No estoy en contra que la gente pruebe estas bebidas y que incluso las lleguen a adoptar. Pero no son vino. Y si van a “robarle” público a la cerveza u otras bebidas, realmente no me parece relevante. Lo que sí espero, es que no les salga el tiro por la culata, y le quiten consumidores al verdadero vino.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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