Lunes 22 de junio de 2020

Los comienzos del vino en la humanidad

Los rastros más antiguos que indican la presencia de vino datan de hace diez mil años. Desde aquellos tiempos, no dejó de acompañar a los seres humanos en todos los continentes y épocas, llegando a tener una participación central en muchas culturas.

La historia del beso en la boca y el origen de la palabra sommelier

Justamente, no existe una actividad agrícola que haya generado una mitología tan amplia como la vitivinicultura, formando parte vital de los ritos religiosos de las distintas creencias desde que se tiene conocimiento de las mismas. La palabra vino deriva del latín “vinum”, que tuvo su raíz en un antiguo término de un dialecto utilizado en la zona del Cáucaso y Armenia que era “voino”, siendo su definición “bebida intoxicante hecha de uvas”. De allí fue mutando en “oinos” (griego), “woinos” (zona del Egeo), “gvino” (georgiano), “wain” (albisino), hasta llegar a “vinum”.

Fue entonces en el Neolítico, hace unos diez mil años, en una amplia zona donde hoy se ubican Turquía, Siria, Irak, Irán, Armenia y Georgia, donde se tiene conocimiento que comenzó la vitivinicultura. En aquella época, los humanos dejaron de ser nómades y seguir a las manadas de animales como fuente de alimento. Se asentaron y desarrollaron los primeros establecimientos de personas, y junto con ellos, la agricultura.

Ello derivó también en un mayor desarrollo de las técnicas de cocina, condimentación, fermentación y conservación de los diversos productos elaborados. De hecho, se estima que los primeros vinos del mundo, se obtuvieron por casualidad, al almacenarse las uvas luego de la cosecha y, producto de la elevación de las temperaturas en primavera, verse casualmente sometidas a una fermentación. Lógicamente, cuando los eventuales descubridores de este “nuevo” líquido probaron sus sabores, comenzó su camino imparable a transformarse en, tal vez, la bebida predilecta de la humanidad.

El descubrimiento de la arcilla, aproximadamente en el cinco mil a.C., facilitó la elaboración y conservación del vino, ya que la porosidad de las vasijas permitían una excelente oxigenación. Luego, más adelante, alrededor del dos mil a.C. en el pico de la civilización babilónica, pasó a tomar importancia en las celebraciones religiosas y a ser consumido por las altas clases, cosa que seguiría siendo así hasta el apogeo del pueblo romano, que lo volvería más popular.

Desde esos lugares de la Mesopotamia, la vid y el vino se esparcieron hacia el Mediterráneo y el Cercano Oriente llevados por distintas culturas como la griega, romana, etrusca, fenicia, babilónica y cartaginesa. Pero desde ya, no se puede pasar por alto la cultura egipcia, que poseía grandes bodegas y contaba al vino entre las ofrendas que debían acompañar a los faraones en la tumba. Los egipcios tenían la particularidad de cultivar las vides en pequeños jardines.

En lo que respecta a los griegos, fueron quienes llevaron a la vitivinicultura antigua a su primer pedestal. Fueron los primeros especialistas en estudios referidos al cultivo y elaboración, y además difundieron el consumo del vino por toda la zona mediterránea, Asia Menor, y una vasta región de lo que sería el actual territorio francés. En general los vinos obtenidos eran alcohólicos y espesos, necesitando ser rebajados con agua.

A lo largo de la mayoría de la historia romana, el vino griego fue el más apreciado, siendo más costoso que los vinos locales. Pero en el siglo II antes de Cristo, comienza el apogeo de la producción de vino romano y el desarrollo de viñedos de primera categoría. Esto es a tal punto, que la cosecha del año 121 antes de Cristo se dotó de una fama legendaria y se la nombró como la “cosecha opimia”, en honor del cónsul de la época, Lucio Opimio. Ciertamente, se destacó por la gran producción y la altísima calidad de los frutos y de los vinos, llegándose a afirmar que varios de ellos se seguían bebiendo hasta cien años después.

Es de destacar que uno de los centros vinícolas más importantes del mundo romano fue la ciudad de Pompeya, ubicada al sur de la actual Nápoles, que se caracterizaba por ser la fuente principal de vino para Roma. Dicha localidad poseía una gran extensión de viñedos, sirviendo también como centro comercial. Aquí, el culto de Baco, el dios romano del vino, era patente y ferviente, quedando reflejado en representaciones suyas en toda la región.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

DeVinosyVides :: Portal especializado en el mundo del vino. Vitivinicultura, enología, bodegas, noticias y material especial.

Copyright 2014 - www.devinosyvides.com.ar - Todos los derechos reservados.