Sábado 07 de noviembre de 2015

Consumo de agua en la cadena vitivinícola de Mendoza

Los autores aseguran que la disponibilidad hídrica en el futuro se verá afectada cualitativamente por la contaminación ocasionada por el hombre y por los efectos del cambio climático global. Consideran necesaria la adopción de tecnologías más eficientes por parte de los agricultores.

En Mendoza, la escasez de agua y su calidad resultan apremiantes, de hecho el índice de escasez hídrica, definido como la relación entre la demanda hídrica total y la oferta total disponible, demuestra actualmente, en la mayoría de sus cuencas, valores superiores al 80% (umbral límite a partir del cual se evidencian escenarios de escasez).

El futuro muestra aun situaciones más complejas: mientras los requerimientos hídricos (demanda) tenderán a ser mayores como consecuencia del crecimiento de la población y de las actividades económicas, la disponibilidad hídrica (oferta) se verá afectada cualitativamente por la contaminación ocasionada por el hombre y cuantitativamente por los efectos del cambio climático global.

Mendoza es una zona árida en donde el agua fue, es y será el factor fundamental del desarrollo. En este sentido, todo el conocimiento relacionado con los usos del agua actuales y futuros forma parte de la información para la toma de decisiones, tanto en lo relacionado con su eficiente asignación como también a su armónica distribución geográfica.

El Centro de Economía, Legislación y Administración del Agua, perteneciente al Instituto Nacional del Agua (CELA – INA), viene realizando desde hace muchos años, estimaciones sobre los usos del agua por parte de diferentes sectores, entre ellos el industrial, para su aplicación al balance hídrico provincial.

Contando con información recabada de estudios efectuados por el CELA y por diversos especialistas nacionales e internacionales, ha sido posible estimar ciertos indicadores de consumo de agua para la industria mendocina. Entre éstos, se destacan los relacionados con el sector vitivinícola, dada la importancia relativa que éste imprime sobre el esquema productivo de la provincia.

La magnitud de este sector es tal que las hectáreas cultivadas con vid ocupan alrededor del 66% de la superficie cultivada en la provincia, al tiempo que las bodegas constituyen la principal industria manufacturera de Mendoza, representando el 27,87% del total de los establecimientos de ese sector en la región y más del 54% de la industria agroalimentaria.

La provincia de Mendoza cuenta con un total de superficie de cultivos para industrializar del orden de las 212.000 hectáreas, de las cuales 140.000 hectáreas se destinan a procesos industriales vitivinícolas.

Producción de vino

Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, el volumen total de producción de vino en la provincia de Mendoza, considerando el volumen promedio entre los años 2009, 2010 y 2011, se ubicó en el orden de los 11 millones de hectolitros.

De esta cifra provincial, el 33,5% fue aportado por la producción de la cuenca del río Mendoza, el 6,6% por la producción de la cuenca del río Tunuyán Superior, el 51,6% por la cuenca del río Tunuyán Inferior y el 8,3% por la cuenca de los ríos Diamante y Atuel.

La demanda de agua del eslabón agrícola puede ser estimada, para cada cuenca, a partir de datos de hectáreas cultivadas, eficiencias de riego, requerimientos hídricos y la proporción irrigada con agua superficial y subterránea. La demanda de agua del eslabón industrial se puede calcular, para cada cuenca, con coeficientes insumo/producto y datos de producción de vino.

Desde los cálculos anteriores, y mediante la construcción de escenarios de simulación, se desprende que, en Mendoza, la demanda hídrica de la cadena vitivinícola es de 2.286 hm3/año. Mejoras en infraestructura de canales y en el uso del agua en bodegas la disminuirían a 1.920 hm3/año –Escenario I– Adoptando, además, la generalización de métodos de riego tecnificado –Escenario II–, la ubicarían en 1.533 hm3/año.

Esta situación es dispar y varía en cada una de las cuencas, siendo en la cuenca del río Tunuyán Inferior donde se requerirían menores esfuerzos para alcanzar escenarios de mayor sustentabilidad.

Sobre la construcción de los escenarios

Los escenarios fueron construidos asumiendo que se alcanzan las máximas eficiencias posibles en el uso del agua, en el riego del cultivo y en los procesos industriales de las bodegas

Estas eficiencias a las que se hace referencia son: la eficiencia externa, que representa las pérdidas en la red de canales externos a las fincas, y la eficiencia interna, que considera las pérdidas de distribución en el interior de las propiedades y la de aplicación en la parcela.

En ese sentido, estos escenarios de uso eficiente se basan en dos supuestos: para el Escenario I, se asume que se implementan obras que mejoran la infraestructura de cauces, al tiempo que se adoptan mejoras en la gestión del agua en las bodegas. Para el Escenario II, se agrega a lo expuesto la adopción de técnicas de riego presurizado por goteo en la totalidad de las hectáreas cultivadas.

De lo anterior es posible determinar entonces que el ahorro de agua generado por mejoras en infraestructura de canales y en el uso del agua en bodegas alcanzaría los 366 hm3/año, mientras que, adicionando riego tecnificado en la totalidad de las hectáreas cultivadas, el ahorro de agua alcanzaría los 753 hm3/año.

Por su parte, el ahorro generado por el eslabón industrial de la cadena demostró ser relativamente poco significativo dada la considerable magnitud relativa del agua demandada por el eslabón agrícola.

Recomendaciones y medidas

La crisis hídrica actual, exacerbada a futuro por el impacto del cambio climático y el crecimiento de la actividad vitivinícola, obligan a plantear inminentes acciones que propendan a optimizar el uso del agua.

Entre las posibles medidas que estén orientadas a facilitar la transición entre el escenario actual y el deseable, se recomienda: i) la implementación de estímulos fiscales; ii) la puesta en vigencia de un sistema de créditos; iii) la reasignación de partidas presupuestarias (medidas tendientes a mejorar la infraestructura de riego en las fincas) y iv) la realización de obras de infraestructura (acciones tendientes a minimizar las pérdidas de agua en los cauces de riego).

Por lo expuesto, es evidente alertar a las instituciones vinculadas con la gestión del recurso hídrico sobre la necesidad de desarrollar políticas que conlleven al mejoramiento de las eficiencias de riego. Si bien en los últimos tiempos el Departamento General de Irrigación ha avanzado (mucho y bien) en este último sentido, resulta recomendable la implementación de incentivos para la adopción de tecnologías más eficientes por parte de los agricultores.

Asimismo, y con el objeto de mejorar la eficiencia externa (conducción y distribución), se recomienda destinar un mayor porcentaje del presupuesto de los organismos de gestión del recurso hacia la impermeabilización de canales de riego primarios y secundarios. Por otro lado, en caso de estar éstos ya revestidos, se sugiere destinar los fondos necesarios para su adecuado mantenimiento.

Lo anterior cobra mayor sentido si se tiene presente la presión que ejercerán sobre el recurso hídrico el crecimiento de la actividad productiva y los impactos futuros del cambio climático.

Fuente: Diario Los Andes

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