Lunes 25 de noviembre de 2019

¿Qué significan “borgoña”, “carlón” y “chablis”?

Son nombres con los que comúnmente se designan a ciertos vinos en Argentina… pero… ¿sabemos realmente qué significan esos términos? ¿Existen esos vinos o son meros rótulos comerciales? En esta nota, la explicación simplificada.

¿Qué es un vino artesanal, qué es un vino patero, qué es un vino orgánico?

Borgoña es una de las Denominaciones de Origen más prestigiosas de Francia y del mundo, ubicada en el centro-este de ese país. Dicha región está caracterizada por la altísima calidad de sus vinos Pinot Noir y Chardonnay, donde gracias a sus condiciones agro-climáticas entrega vinos caratulados como los mejores del planeta (y más costosos también). Posee aproximadamente 28.000 hectáreas, que incluye alrededor de 100 sub-denominaciones de diverso prestigio dentro de ella, y cuenta con un 45% de su superficie total plantada con uvas tintas, y el 55% restante con uvas blancas.

Se trata, claramente, de una de las “mecas” vitivinícolas del mundo. Entonces, primer punto aclarado: Borgoña no es un tipo de uva, es una región. Del mismo modo, pero a la inversa, Garnacha no es un tipo de vino, sino un tipo de uva española. Sucede que el mercado y los nombres comerciales, muchas veces tienden a confundir.

Pero volviendo a lo anterior…¿qué es entonces el “borgoña argentino” o “nuestro borgoña”? Es solamente una inscripción comercial, un nombre de fantasía, algo que no existe como tal. Como vimos en columnas anteriores, la cultura del vino en Argentina se vio fuertemente influenciada por Europa. Cuando comenzó a incrementarse la producción local, los bodegueros intentaron enlazar o conectar al consumidor con los nombres de los vinos europeos, para darle a entender que seguían siendo los mismos, sólo que hechos a 11.000 kilómetros de distancia de aquellos.

Obviamente, no eran lo mismo. Lentamente, Argentina logró un gran y notable éxito con sus vinos, llevando adelante una identidad propia. El “borgoña argentino”, empezó antaño siendo generalmente un blend o corte tinto de las variedades Malbec, Bonarda, Merlot y Cabernet Sauvignon; para pasar posteriormente a estar compuesto de Bonarda, Sangiovese y Malbec, o también con la variante de Bonarda, Syrah y Malbec. Poco o nada que ver con los vinos franceses de Borgoña.

En cuanto a la historia del “Carlón”, una de las leyes de la corona española del siglo XVI, citaba que se prohibía el cultivo de la vid en sus colonias americanas, por lo tanto el vino debía ser importado desde España. Con esta premisa, los funcionarios y los altos estratos sociales, se aseguraban la provisión de los vinos finos de la denominación española de La Rioja, de alta calidad. En tanto que, en lo que respecta al resto de la población, debía conformarse con productos más económicos provenientes de Benicarló.

Benicarló es una localidad costera de la provincia de Castellón de la Plana, en la región de Valencia, al Este de España. Allí se elaboraba un vino al que se le agregaba durante su vinificación mosto concentrado cocido, al mejor estilo romano, para preservarlo mejor durante más tiempo. La uva principal con la que se hacía este vino era la Garnacha, junto con la Garnacha Tintorera. Uvas de alto rendimiento en el viñedo, con una carga importante de color y taninos.

Estas cepas, junto con el modo particular de vinificación adoptado, daban como resultado un producto “pesado” en la boca, de gran cuerpo, denso, de unos 15 a 16 grados de alcohol, sabroso, de color intenso azulado oscuro, con una potencia aromática fuerte y persistente. Desde mediados de los años 1500, hasta principios de 1900, fue un producto tremendamente popular.

Durante esa gran cantidad de años, moldeó y modeló el paladar del consumidor local, e instauró costumbres que aún persisten. No faltaba en ninguna casa del país, en ninguna pulpería, ni en ninguna pizzería (cada escenario acorde a su época). Era sin lugar a dudas el predilecto de los consumidores de aquellos entonces (muchas opciones no había), y que cada vez contaba con más y más demanda, incrementando a altos niveles las ventas de las bodegas de Benicarló, llegando a su punto máximo de comercialización en 1890. Y teniendo como principal destino, el puerto de Buenos Aires.

Se siguió inclusive consumiendo hasta la década de 1920, pero poco a poco iba perdiendo terreno a manos de los exponentes que se realizaban en las provincias de Cuyo (San Juan y Mendoza). Lentamente, los vinos locales, comenzaban a expandirse y a gozar de cierto respeto, ya que impulsados por las comunidades religiosas, los bodegueros hacían cada vez más cantidades y de mejor calidad, dejando de lado el agregado de mosto cocido, clásico del Carlón.

En lo referente a la antaño prolífera localidad de Benicarló, su éxito tuvo un abrupto desenlace, ya que las plagas europeas de la filoxera y el mildiu en los viñedos, la diezmaron totalmente. A tal punto que para 1930 ya no quedaba nada, todo había sido arrasado y abandonado, hasta la última vid. Esto era lo único que les faltaba a los vinos argentinos para pasar a ser los protagonistas en las mesas nacionales, reemplazando al otrora famoso Carlón (hoy muy difícil de encontrar, y en formato “damajuana”).

Chablis, en tanto, es una región francesa en donde se elaboran vinos blancos de altísima calidad, dentro de la Borgoña. Allí, la Chardonnay es la uva que se utiliza como actriz principal y protagónica. Similar a lo que sucedió (y sucede) con el vino “borgoña”, el mal llamado chablis local, posee generalmente la uva Chenin, o inclusive cortes o mezclas de distintas uvas blancas.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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