Sábado 17 de agosto de 2013

La aventura de hacer realidad el sueño del viñedo propio

Por una de esas cosas especiales de la vida, llegó a nuestras manos una botella de un vino "artesanal" 100% Bonarda procedente de Mendoza. Al degustarlo, su calidad nos sorprendió tanto que resolvimos contactar al productor, quien resultó ser un aficionado al mundo del vino que decidió embarcarse en la travesía de ser dueño de un viñedo. Hoy le vamos a contar la historia de aventuras que Heraldo Belottini y su esposa Patricia tuvieron que transitar para poder elaborar su propio vino.

Si Usted quisiese tener un vino personal, hoy en día tiene varios caminos para obtenerlo: comprarle a una bodega parte de la producción sin etiquetar y hacer una etiqueta propia; comprar la uva y vinificarla; o comprar su propio viñedo con finca y todo, y hacer el vino Usted mismo. Esta última opción es el sueño de cualquier amante del vino. Pero sucede que puede llegar a ser un emprendimiento digno de un aventurero.

Corría el año 2003 cuando Heraldo y Patricia, quienes residen en Buenos Aires, decidieron irse de vacaciones a Mendoza, puntualmente a San Rafael. Paseando, se encontraron con una finca de diez hectáreas plantadas con vides que estaba en venta, y que había sido muy castigada y dañada por una gran granizada. A raíz de esto, el precio que le había colocado su dueño, sería comparable a lo que hoy en día vale una heladera doméstica. Al ver delante de sus ojos la oportunidad de su vida, Heraldo adquirió la propiedad, a la cual le puso el nombre de "Patricia Inés", en honor a su esposa.

Consumada la operación, pasó a ser el poseedor de cientos de plantas de las variedades Bonamico, Pinot Noir, Chablis y Pedro Ximenez, entre otras, todas mezcladas entre sí dentro de la finca. Pero además, había un sector del campo con vides de Bonarda que databan del año 1954, en espaldero bajo. Esa sección, era particularmente interesante. El único problema era que el granizo había hecho un desastre, y la producción y su calidad se encontraban fuertemente mermadas.

"Al principio, entre 2003 y 2006, le vendíamos las uvas a una cooperativa de Mendoza que elabora vinos base." afirma Heraldo. "Pero en 2007 me decidí a vinificar. Por aquel tiempo contaba con el asesoramiento de un entendido en enología, que nos ayudaba en el proceso en bodega. Entonces hice correr la voz entre mis amigos, para que me compren las cajas de vino por adelantado y financiar la producción."

Y continúa Heraldo, "pero en el momento menos pensado, volvimos a sufrir una fuerte granizada que nos dejó sin cosecha y sin vino, por lo cual tuve que salir a comprarle a otro productor vino Malbec para embotellarlo y dárselo a todos los que ya me habían pagado. Por suerte les gustó." Para colmo de males, ese mismo año, a causa de una fuerte tormenta, se derrumbó la casa que se encontraba en la finca. Pero Heraldo no se dejó vencer.

Comenzó a realizar una serie de acciones, siempre a pulmón, para revertir la mala suerte que había tenido hasta ese momento, como por ejemplo inscribirse en el Instituto Nacional de Vitivinicultura como productor artesanal (lo cual permite producir hasta 12,000 litros por año), y recuperar una parte del suelo de la finca que era muy salino plantando acelga (esta verdura tiene la cualidad de modificar el pH del suelo).

Con la cosecha 2008 por fin pudo embotellar su primer vino, llamado "Horas Extras". En un principio pensaba hacer un 100% Bonarda, pero el INV no se lo autorizó porque en los análisis demostró una graduación alcohólica inferior a la mínima requerida, por lo tanto su asesor le recomendó hacer un blend con un vino Malbec que él tenía recién terminado de elaborar. Luego de realizar la mezcla de las dos variedades, superaron con éxito los estándares impuestos.

Ya para la cosecha 2009, Heraldo pudo hacer el "Horas Extras" 100% con uvas Bonarda de su finca, bajo la supervisión de un nuevo enólogo colaborador. Heraldo nos contó también que "la 2010 fue una gran cosecha, donde volvimos a embotellar el Bonarda y adquirimos una despalilladora-moledora y un equipo de filtración. En tanto que para 2011 plantamos Cabernet Sauvignon, Malbec y Syrah, todas en espaldero."

Para ese momento, la finca ya se abastecía de agua con riego por manto procedente de deshielo, respetando el turno de 24 horas semanales (más algún otro turno cedido por un vecino); las plantas eran tratadas con abonos orgánicos, sin utilizar agroquímicos; se usaban corchos de alcornoque para el taponado de las botellas; y la vinificación y el embotellado se realizaban completamente dentro de las instalaciones reconstruidas de la finca, y con uvas propias.

"La fermentación la hacíamos y hacemos en tanques de 2,500 litros de capacidad, y en caso de necesitar bajar la temperatura del mosto introducimos botellas congeladas perfectamente higienizadas. Además, nos animamos a hacer pruebas vinificando uvas Bonamico, sin buen resultado. Contrariamente, con lo que sí tuvimos éxito fue con el Syrah, ya que sacamos un 100% varietal y un Syrah-Bonarda". Pero ésta última uva, la Bonarda, seguía siendo la estrella, gracias a sus vides antiguas y auto-reguladas en cantidad de racimos.

Heraldo entonces se animó a mandar las muestras del Bonarda cosecha 2011 (de la que produjo 2,000 botellas) a dos concursos (La Mujer Elige y Vinus). "Fueron noches en las cuales no podía dormir de la ansiedad. Finalmente, tuvimos la grata sorpresa de obtener medalla de plata en ambos certámenes. Ese vino ya había tenido una estancia de tres meses en roble francés, gracias a las diez barricas que pudimos comprarle a una cooperativa mendocina."

"Al ver los resultados, me animé a ponerle mi apellido al vino, que dejó de llamarse 'Horas Extras' y pasó a llamarse 'Belottini'. Y además, alentado por mi asesor, en 2012 me arriesgué a producir un espumante rosado Pinot Noir-Chenin con el método champenoise, del cual salieron 300 botellas y quedan en la bodega otras 700. Tuvimos tan buenas críticas que para este año vamos a hacer 2,000 botellas."

Actualmente la finca posee cuatro hectáreas en plena producción de vid, además de otros frutales que tienen plantados, cuenta con malla anti-granizo en las plantas nuevas, y el embotellado y etiquetado se hace totalmente artesanal. "En este año 2013, ya le pedí a los cosecheros que me seleccionen una partida especial de 800 kilos de uva para hacer un vino Premium. De todos modos, en cualquiera de nuestras líneas de vino el consumidor puede estar seguro que va a estar bebiendo jugo de uva: algo elaborado de manera muy natural y respetuosa."

Es asombroso ver como la suma del esfuerzo y la pasión por la viticultura, llevaron a Heraldo y Patricia a transformar esa finca casi devastada y con su casco derrumbado, en la bodega productora de un excelente vino (que hasta fue premiado), un muy prometedor espumante, y un terruño en plena fructificación cada vez mejor equipado, además de dar trabajo a varios pobladores de la zona. "Si uno quiere y se lo propone, a la larga con dedicación lo puede lograr", concluye Heraldo. Los resultados le dan la razón.

Por Diego Di Giacomo
diego@devinosyvides.com.ar
Sommelier - Miembro de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores

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